| Inicio | Contacto | Viaje por España | Revista Historia | Biblioteconomía | Noticias carpetanas | Madrid críptico | Blog |
Revista de Historia Medieval

Eric el Rojo en la Tierra Verde
Vikingos en Sevilla
El libro de Kells
Jayyam, esencia mística del vino
La primera Rusia
Beda, el Venerable
El poderío de Tula
El juego de la Oca
San Patricio de Irlanda
El reino de Tudmir
El Ordenamiento de Alcalá
Los Khmer de Angkor
El Preste Juan
La ciudad medieval de Tombuctú
El Reino de Ghana
Los rebeldes de Bobastro
El Rey Lobo
Ain Yalut
El juego de pelota
El Infierno, ese gran invento
Los Husitas
El Althing
Una República en Almería
Historia de la Spaten
La Danza de la Muerte
Juan Sin Miedo
La Devotio moderna
El irresistible ascenso de los Visconti
La conquista de Albania
Extrema y dura
Los Infantes de Carrión
Blanca Garcés de Navarra
Caos en el Hipódromo
Crisis iconoclasta
Los feroces ultramontanos
El almirante Cheng Ho
¡¡¡Venganza catalana!!!
Las vías pecuarias
El Puente del Perdón
Disputa por el Valle de Lozoya
Relaciones entre Segovia y el Valle de Lozoya
El Cid de Lérida
Las serranas del Arcipreste
El verdadero Guy de Lusignan
Atentado contra el Rey Católico
¡A buenas horas, mangas verdes!
Espías asados en Antioquía y caníbales en Maarat

 

 

EL VERDADERO GUY DE LUSIGNAN

Ya sabemos que el cine contribuye a dar una imagen poco realista de muchos personajes y acontecimientos históricos. Como el caso de Guy de Lusignan, rey de Jerusalén, en la película de Ridley Scott, "El reino de los cielos". Vamos a dar aquí esa pincelada más realista, y junto a ella, la caída del reino de Jerusalén en manos del astuto Saladino, kurdo de origen, caudillo musulmán y gran visir del califato fatimí.

En marzo de 1185, Balduino IV, rey leproso de Jerusalén, muere con 25 años y deja el trono a su sobrino Balduino V, niño de 6 años, hijo de su hermana Sibila, y la regencia al conde de Trípoli, Raimundo de Saint-Gilles, quien solicita una tregua con Saladino, que la concede. Saladino estaba en condiciones de aplastar el reino cruzado, pero con su actitud prueba que no desea el enfrentamiento con los cristianos a toda costa. Por desgracia, Balduino V fallece un año después, y todo el mundo se cuestiona el papel de Raimundo como regente. Según el cronista musulmán Ibn al-Atir, la madre del pequeño monarca, Sibila, se había enamorado de un bello guerrero que acababa de llegar de Francia, Guido o Guy, con quien se había casado. Cuando falleció su hijo, puso la corona en las sienes de su marido e hizo jurar a las fuerzas vivas de Jerusalén (Hospitalarios, Templarios, barones) que le obedecerían. Raimundo no pasó por ahí y prefirió entenderse con Saladino.

Guy de Lusignan, el nuevo rey de Jerusalén era un hombre guapo e insignificante, sin capacidad política y militar, siempre dispuesto a estar de acuerdo con la opinión del último de sus interlocutores. Es una marioneta en manos de los barones que desean el conflicto con los musulmanes a toda costa, cuyo jefe es Reinaldo de Châtillon. El cautiverio durante 15 años en Alepo había agravado los defectos de Reinaldo, puesto que ahora era más fanático y sanguinario que nunca, y va a causar él solo más odio entre árabes y cruzados que años y años de guerras. En esto sí que parece coincidir con el personaje de la película de Scott. Es aliado de los Templarios y de muchos caballeros recién llegados a Jerusalén, donde ejerce una gran influencia, que sólo Raimundo, el conde de Trípoli, es capaz de contrarrestar, aunque sólo sea por un tiempo. Dejemos de momento a Reinaldo, que no es capaz de pensar en políticas de paz con el Islam, sino en la matanza del enemigo de religión y la conquista de sus territorios. Digamos que durante unos cuantos años hizo de las suyas contra los árabes, mientras Saladino se quejaba al rey leproso de las acciones de su teóricamente subordinado.

Con la llegada de Guy, Reinaldo, durante un tiempo neutralizado por el prudente conde de Trípoli, vuelve a las andadas, pues influye sobremanera sobre el débil rey de Jerusalén. Ignorando las treguas firmadas entre Balduino IV y Saladino, Reinaldo cae como un buitre sobre caravanas de peregrinos y mercaderes árabes, matando a muchos de ellos y haciendo cautivos al resto. Cuando uno de esos cautivos le recuerda la tregua, Châtillon le dice desafiante: "¡Que venga vuestro Mahoma a liberaros!". Saladino jura que matará con sus propias manos a este carnicero cristiano. No obstante, de momento manda emisarios al Kerak, sede del poder de Reinaldo, quien ni se digna recibirlos, por lo que trasladan sus quejas a Guy de Lusignan, a quien parece escandalizarle el cruel proceder de su vasallo, pero fiel a su costumbre, no hace nada por solucionarlo.

Definitivamente, Saladino pierde la paciencia y reúne a sus aliados y a sus vasallos en Damasco. Minetras, en Jerusalén están más atentos a sus rencillas internas y no parecen darse cuenta del enorme peligro que se cierne sobre el reino cruzado. Lusignan cree llegado el momento de librarse de Raimundo de Trípoli, quien harto de ser ninguneado, propone un trato con Saladino, inmediatamente aceptado. Resultado del pacto secreto , Raimundo sebe dejar pasar por sus tierras destacamentos de soldados musulmanes, con la condición de que no atacasen ninguna propiedad del conde, algo que es escrupulosamente respetado por los árabes. Pero nadie puede evitar que los grandes maestres de los Templarios y los Hospitalarios descubran el pacto del de Trípoli. Reúnen apresuradamente unos cientos de fanáticos monjes soldados y atacan a los jinetes mahometanos en la aldea de Saffuriya, al norte de Nazaret. De la escaramuza sólo salió vivo el gran maestre Templario. Los árabes se regocijan tras vencer a las órdenes religiosas militares cristianas, temidas y detestadas, lo que parece un presagio de la victoria final sobre el enemigo cristiano. Saladino ve llegado el momento y ha reunido a sus tropas en el camino entre Damasco y Tiberíades. Las tropas de Jerusalén acuden al combate, pero es verano y no hay mucha agua que beber hasta el lago Tiberiades, donde les ha tendido una trampa el astuto kurdo. Es la batalla de Hattina, donde los cruzados quedan aplastados por el ejército de Saladino.

Pero no todos los cruzados han muerto. Llevan ante Saladino al rey Guy y a Reinaldo de Châtillon y a otros notables. Saladino recuerda y afea a Reinaldo su conducta, sus múltiples fechorías, y éste, sin inmutarse dijo "Todos los reyes se han comportado siempre así. No he hecho nada más de lo que hacen ellos". Entre tanto, el rey Guy jadeaba de sed por el calor de julio en el desierto. Saladino ordenó traerle agua helada, que el rey aceptó. Una vez bebió, le ofreció el agua a Reinaldo, que apagó su sed también. Pero Saladino le dijo a Guy: "No me has perdido permiso antes de darle de beber. No estoy obligado a concederle la gracia". La gracia a la que se refería el sultán, es la que se concede, según la tradición árabe a un prisionero al que se ofrece bebida o comida, quien debe salvar la vida. A Reinaldo había jurado matarlo con sus propias manos. Mandó traer a Reinaldo, y le golpeó con su sable entre el cuello y el omóplato. Cuando cayó al suelo, le cortaron la cabeza y arrastraron su cuerpo a los pies del aterrorizado rey de Jerusalén. Saladino tranquilizó a Guy y le dijo, según el cronista Imad al-Din al-Isfahani (consejero del sultán y testigo directo de la escena): "Este hombre sólo ha muerto por su maldad y perfidia". El rey Guy y la mayor parte de los prisioneros salvaron la día, excepto los Templarios y los Hospitalarios, que sufrieron la suerte de Reinaldo de Châtillon. Tres meses después (2 de octubre de 1187), Saladino entró en la Ciudad Santa, después de pactar con sus defensores, a la cabeza de los cuales estaba el caballero Balian de Ibelin, quien ha obtenido a cambio de la rendición de Jerusalén, la promesa de Saladino de dejar partir a los cristianos de la ciudad sin sufrir daño alguno, promesa que el sultán egipcio cumple escrupulosamente.

¿Y Guy de Lusignan? Pues el rey de Jerusalén había permanecido en poder de Saladino hasta que en julio de 1188 es liberado, después de jurar solemnemente no tomar las armas nunca más en contra de los musulmanes. Supongo que Saladino, que era un caballero, pecó de ingenuo en esta ocasión, ya que en agosto de 1189, el rey franco incumple su palabra y da comienzo al asedio del puerto de Acre. Dispone de fuerzas modestas, pero no paran de llegar navíos desde Occidente cargados de combatientes que desean recuperar Jerusalén. La batalla de Acre fue una de las más largas y penosas de las Cruzadas. Saladino se entera además de que el emperador alemán, Federico Barbarroja se dirige hacia Constantinopla con 60000 hombres, aunque este peligro queda neutralizado al fallecer ahogado Federico en un riachuelo al pie de los montes Tauro, que ocasionó la retirada germana. Pero otro peligro incluso mayor se cierne sobre Acre: Felipe Augusto, rey de Francia y Ricardo Corazón de León, monarca inglés han desembarcado cerca de la plaza asediada con sus tropas. Acre cayó finalmente en manos de los cruzados el 11 de julio de 1191, tras dos años de asedio, un asedio que había iniciado Guy de Lusignan.

Y de nuevo, ¿qué fue de Guy? Pues que en 1192 cedió su título al rey inglés a cambio de la soberanía sobre la isla de Chipre. Falleció en 1194, aunque sus descendientes continuaron siendo reyes de Chipre hasta la segunda mitad del siglo XV.

 

 

 
© by Diego Salvador desde 2006
Revista de Historia Medieval Revista de Historia Moderna Revista de Historia Contemporanea Revista del Mundo Actual Revista de Arqueologia Revista de Historia Antigua Revista de Prehistoria