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Revista de Historia Medieval

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EL ALMIRANTE CHENG HO

Nació en 1371 en la provincia de Yunnan en una familia musulmana que se decía descendiente de un oficial de Gengis Khan. Cuando tenía 10 años, su padre murió en combate contra las tropas de la nueva dinastía Ming, y él fue castrado y entregado al ejército. Menuda gracia.

A los 19 años, Cheng Ho entró al servicio del príncipe de Yan, Zhu Di, en cuya corte fue instruido en las artes de la guerra, literatura, cultura china y las enseñanzas de Confucio. Como contrapartida por la ayuda que estaba recibiendo de los eunucos, Zhu Di les permitió alcanzar altas cotas de poder, lo que benefició a Cheng Ho, quien destacó en la defensa de Beiping en 1399 y fue uno de los comandantes de la expedición final contra la capital, Nankín, acción militar que permitió tomar el poder al príncipe Zhu Di.


Sus cualidades personales, y sus dotes militares y diplomáticas le granjearon la confianza del Príncipe y proporcionaron numerosos amigos en la corte, convertido en un hombre importante. En mayo de 1403, convertido ya el príncipe en el emperador Yung Lo, ordenó a la provincia de Fujian la construcción de 137 buques. Poco después otras provincias recibieron la orden de producir otros 200 buques. En total, entre 1403 y 1407 un total de 1.681 naves de alta mar fueron construidas o remodeladas, ingente tarea para lo cual se construyeron unos gigantescos astilleros en Longjiang, cerca de Nankín.

Yung Lo puso a su hombre de confianza, Cheng Ho, al mando de la flota Occidental, flota de 62 barcos, algunos de 150 m. por 58 m. Para hacernos una idea de la magnitud de estos bajeles, baste recordar que los mejores mercantes europeos de la Liga Hanseática apenas alcanzaban los 20 m de eslora. La Armada Invencible no tenía ni la mitad de barcos que la del Almirante. El nuevo emperador, organizó expediciones marítimas para expandir el prestigio chino, y por ende el suyo propio, establecer lazos comerciales y proveerse de especias, plantas aromáticas y materiales industriales. Además construyó el Gran Canal y el complejo palatino de Pekín.

Cheng inició en 1405 el primero de sus siete viajes, que extendieron la influencia y el nombre del celeste imperio por los mares y en los casi 40 países que visitó. Partió con 27000 hombres y 300 barcos, y forzó a los potentados de las islas de Indonesia a aceptar la hegemonía china. No era para menos, vista tamaña demostración de fuerza y poderío. En un segundo viaje, en 1409, Cheng Ho visitó la India y Ceilán. Alcanzó Ormuz, recorrió Arabia, el Golfo de Adén; visitó La Meca, y bajó casi hasta Mozambique. De regreso a Nanking, le acompañaban emisarios de más de 30 países que llevaban tributos al emperador, ególatra irredento. Este poderío naval no era fruto de ninguna casualidad, ya que China fue durante muchos siglos la mayor potencia marítima y empleó una alta tecnología desarrollada sobre todo en los astilleros del sureste.

En su quinta expedición, que debía devolver a los embajadores a sus lugares de origen, la flota de Cheng alcanzó Somalia y Zanzíbar, de donde el gigantesco almirante (medía cerca de 2 metros de altura) se llevó unas jirafas para el zoo imperial que sorprendieron a propios y extraños. Tras el sexto viaje, murió el emperador Yung Lo (1424) y Cheng Ho quedó al mando de la guarnición de Nanking, pues el sucesor en el trono consideró anti-confuciana, megalómana y derrochadora aquella política expansionista. Seguramente no le faltaba razón y empezó con los recortes, tan de moda hoy día. Cuando subió al trono un emperador más afín a las aficiones viajeras de Cheng Ho, el Gran Almirante pudo realizar el último periplo de su aventurera vida, que se extendió entre 1431 y 1433.

Cheng Ho fue un hombre civilizado y de ejemplar tolerancia con otras culturas y religiones, y sus expediciones no fueron de conquista sino de exploración y con fines comerciales, conformándose con pequeñas muestras de sumisión al ególatra emperador del Celeste Imperio. Las siete expediciones enriquecieron la cultura china con los alimentos, plantas decorativas, animales exóticos, historias y leyendas que se recogieron en todos los países donde atracaba la enorme armada. Cheng Ho jamás permitió que sus soldados saquearan, violaran o destruyeran.

Mucho se ha especulado con qué habría sucedido si China hubiera mantenido estas expediciones navales de prestigio, pero finalizaron de forma abrupta. El Imperio Ming se encontró con asuntos más urgentes. Al norte, los mongoles constituían una amenaza creciente y la economía se hundió. El caso es que los viajes de Cheng Ho contribuyeron a impulsar la diáspora colonizadora china que se estableció en las costas comprendidas entre China e India, generalmente por motivos comerciales. No en vano el pueblo chino ha sido y es uno de los grandes pueblos comerciantes de la Historia.


En 1435, cuando Cheng murió, era toda una leyenda, pues había recorrido el Pacífico y el Índico con una flota no igualada hasta la primera guerra mundial. Algunos eruditos en historia naval sugieren que seguramente Cheng Ho habría llegado al continente americano mucho antes que Cristóbal Colón, porque disponía de mejores buques, excepcionales marinos y una tecnología de navegación muy superior a la de los europeos, si no se hubiese producido la "Gran Retirada" bajo el sucesor de Yung Lo. La "Gran Retirada" fue la decisión imperial adoptada en 1433 de encerrarse en su espléndido aislamiento: "China no necesita de nadie y no debe aprender de nadie". Cheng Ho murió dos años después de la "Gran Retirada" a los 64 años, y fue enterrado en Nanking. En 1985 se restauró su tumba, cuyo frontispicio ostenta la leyenda "Alá es grande", como buen musulmán que fue durante toda su vida.


 

 
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