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El Norte
 

- Lugo, la Mariña lucense y Taramundi-

La costa de Lugo es la gran desconocida de las costas gallegas. No atrae ni de lejos el turismo masivo de Rías Altas y sobre todo las Bajas. Pero no carece de atractivo, como demuestra la espectacular Praia das Catedrais, espectacular paisaje litoral formado por arcos, columnas y bóvedas labradas por el mar sobre la roca, prolongándose durante 8 km de arenales entre el concello de Barreiro y la ría de Foz.

La Edad del Hierro galaico está representado por algunos castros costeros, como el pequeño poblado de Fazouros, con atalaya sobre el mar, cerca de Foz y parcialmente excavado, mostrando restos de viviendas, murallas y escaleras. Mayor y más impresionante es el castro coruñés de Baroña, situado en un promontorio rocoso por encima del mar. Un restaurante y una playa nudista flanquean el poblado. Ya en el interior lucense, el castro de Viladonga, con círculos defensivos de tierra y piedra, restos de casas redondas y rectangulares, bien conservado o restaurado, es de época romana. Imprescindible visitar el museo anejo al yacimiento.

La ciudad episcopal de Mondoñedo, también en el interior, es una agradable sorpresa para el visitante. Sírvase éste pasear simplemente por las calles de su casco antiguo, para descubrir el agradable curso de un arroyo cruzado por pequeños puentes de piedra. En su plaza se disponen la catedral, el palacio del Obispo y soportales. 

A pocos km de Mondoñedo, se sitúa la localidad de Lourenzá, donde se sitúa el monasterio del Salvador. El pueblo marinero de Viveiro mantiene en pie una puerta plateresca de época de Carlos V y varias iglesias románicas. Pero la verdadera estrella de este periplo es el monasterio de origen prerrománico de San Martiño de Mondoñedo, del que debe visitarse el interior para admirar sus capiteles tallados, pinturas y sobre todo el antipendio, los canecillos y observar el edificio en su conjunto desde el exterior, bien integrado en sus verdes alrededores.

Lugo es la capital de la provincia, la Lucus Augusti romana, de la que queda sobre todo el magnífico perímetro amurallado, compuesto por lienzos e impresionantes cubos de planta semicircular. Los materiales que constituyen la muralla son el granito, que remata las puertas y refuerza los ángulos de las torres y la pizarra, que en forma de lajas constituye el exterior de los muros. El interior está relleno de un mortero compuesto de tierra, piedras y guijarros cementados con agua. Se puede pasear por la parte superior de la muralla en un cómodo trayecto de media hora aproximada. La catedral de Santa María, iniciada en estilo Románico, es otro de sus monumentos notables, así como el edificio que acoge el Ayuntamiento (cuya fachada data del siglo XVIII), ambos intramuros. La muralla de Lugo es la única muralla romana del mundo que conserva todo su perímetro, de 2117 m. En la plaza de Santa María podemos contemplar los restos acristalados de una vieja piscina romana, descubierta en 1960 al pavimentar el suelo del entorno de la catedral. La piscina posiblemente pertenecía al frigidarium de un complejo termal.

Ciertamente Taramundi no está ni en Lugo ni en la Mariña Lucense, pero forma parte del mismo periplo: Por esta razón incluyo aquí este magnífico ejemplo de turismo rural integrado en un medio rural de espectaculares paisajes de montaña, en la comarca de los Oscos asturianos, muy próximos al norte de la provincia de Lugo, a la Mariña. En concreto, recomiendo encarecidamente la visita del Conjunto Etnográfico de Os Teixois, declarado bien de interés cultural (BIC), y a 4 km escasos del centro de Taramundi. En este lugar podemos comprobar como el agua es el limpio motor de todas las máquinas utilizadas por los paisanos para realizar sus actividades cotidianas. Una forma de aprovechar los recursos naturales sin provocar ningún tipo de destrucción ni contaminación, relacionado con un concepto que está muy de moda últimamente en algunos círculos que muchas veces son por desgracia, alternativos y marginales. Durante la visita guiada se enseñan al visitante varias máquinas que funcionan con energía hidráulica: mazo, rueda de afilar, una pequeña central eléctrica, molino hidráulico y un batán. La fragua carece sorprendentemente de fuelle, pues el aire necesario para alimentar el fuego procede de la energía hidráulica a través del efecto Venturi. En ella se calentaba el lingote de hierro para poder darle forma con el mazo, otro de los ingenios que funcionan con energía hidráulica y no con la fuerza humana. En el mazo se estiraba a voluntad el hierro al rojo previamente calentado en la fragua. Con el hierro se confeccionaban todo tipo de instrumental agropecuario. La piedra de afilar también funciona aquí utilizando la fuerza del agua. En ella se afilaban las piezas de corte elaboradas en el mazo. El batán hidráulico es una máquina utilizada para ablandar las telas de lino y de lana para poder confeccionar ropa de verano y de invierno respectivamente. Una pequeña central eléctrica utilizando la base tecnológica de la dinamo, también alimentada por la fuerza del agua, abastecía de electricidad a la pequeña aldea de Teixois. Por último, el molino aprovechaba la fuerza del agua para transformar el grano de cereal en harina, más fina o el salvado, utilizando los tamizadores.

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