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La Meseta
 

- Al Este de Cuenca -

Al este de la ciudad de Cuenca, podemos visitar la región de las Hoces del río Cabriel, y algunas otras curiosidades que me gustaría destacar.

En primer lugar, la histórica villa de Cañete, rodeada por recias murallas y presidida por las ruinas de un viejo castillo que domina los alrededores de la población. En las murallas destacan varias puertas, a saber: la puerta de San Bartolomé, de aires califales, la puerta románica de la Virgen y la de las Eras, también de fuerte sabor andalusí. La Plaza Mayor está porticada por tres de sus lados. La Plaza Mayor incorpora en su recinto la iglesia de San Julián (siglo XVII), el Ayuntamiento y los restos del Colegio de Gramática. Además, Cañete es la villa natal de Álvaro de Luna, valido de Juan II de Castilla, caído en desgracia merced a los tejemanejes de sus enemigos de la nobleza, encabezados por don Juan Pacheco, Marqués de Villena. A consecuencia de estas cuitas nobiliarias, perdió, literalmente, la cabeza. En la Plaza Mayor se alza un busto de este ilustre hijo de la villa, el mencionado Don Álvaro de Luna, Condestable de Castilla.

El Castillo de Cañete posee varias fases constructivas: Emiral, Califal, Bajomedieval y Carlista. Se dice que de esta villa es originaria la familia del escritor Elias Canetti, de origen judío. Una curiosidad de las murallas de la población es que en algunos tramos, los lienzos aparecen construidos en zig-zag, quizás para ahorrar la construcción de costosas torres, una técnica, que a la postre, produce el mismo efecto defensivo que la presencia de torres. El perímetro del recinto se construyó para albergar una gran población, de tal manera, que incluso hoy en la actualidad, la moderna población de Cañete está incluida en su práctica totalidad en ese primitivo recinto medieval, seguramente de época andalusí.

El Postigo es una zona de interés turístico. Es un pequeño parque donde podemos contemplar un pintoresco paisaje, compuesto por una cascada, el arroyo, una vista espectacular de las casas colgadas y restos del recinto amurallado. Otra visita imprescindible dentro de la villa es el Arco de la Sinagoga, ubicado en la antigua judería de Cañete. Además me parece altamente recomendable callejear por el trazado irregular y laberíntico del caserío de Cañete.

 

 

 

Moya, actualmente deshabitada, fue en su día capital del Marquesado del mismo nombre, cuyos primeros titulares fueron don Andrés Cabrera (1430-1511) y Doña Beatriz de Bobadilla (1440-1511), mayordomo de la Casa Real, él, y camarera de la reina Isabel la Católica, ella. Aunque actualmente no quedan más que ruinas, excepto algún que otro edificio rehabilitado, no hay más que dar un paseo por sus calles derruidas para comprobar su pasado esplendoroso, algo que se percibe por la presencia de iglesias, monasterios, hospitales y el castillo de los Marqueses. La villa está rodeada por dos recintos amurallados. En la muralla exterior podemos encontrar la Puerta de la Villa (siglo XVI), donde encontramos una inscripción que dice lo siguiente: "Moya. Esta obra mandó hacer el Lcdo. Perea de Velasco vecino de Toledo, siendo corregidor de este marquesado. Año 1589 " .

El castillo data del siglo XV, y fue mandado construir por Andrés Cabrera, el primer marqués de Moya. Las puertas de San Juan y de los Ojos se insertan en el recinto interior de la vieja ciudad.

De la mayoría de edificios religiosos y civiles, no se conservan más que restos. De la iglesia de San Bartolomé quedan los restos de una espadaña. También podemos contemplar los restos majestuosos del convento de los Concepcionistas (s. XVI). La única iglesia que queda en pie y que mantiene el culto para los pocos habitantes que quedan en los arrabales extramuros de Moya es Santa María la Mayor, templo gótico junto a la vieja Plaza Mayor, donde el ayuntamiento está totalmente restaurado.

Del antiguo Hospital de cautivos de Santiago no quedan más que los cimientos, al igual que del convento de Santo Domingo. No obstante, impresiona pasear por las calles flanqueadas por las ruinas de edificios que denotan un pasado esplendor. Me recuerda mucho a Belchite, destruida en trágicas circunstancias bélicas.

Las restauraciones que podemos contemplar (iglesia de Santa María la Mayor, Ayuntamiento, algunas puertas) son debidas a que desde 1982 la zona se halla protegida, por haberse declarado Conjunto Histórico-Artístico.

La antigua población fue abandonada a mediados de los años cincuenta del pasado siglo, supongo que debido a la emigración campo-ciudad o al extranjero que comienza a generalizarse en esa época en la España rural. Pero no parece justificable el estado de ruina irreversible y abandono en que se encuentran la mayoría de los edificos de la vieja villa monumental. Han desaparecido piedras, escudos, maderas, rejas... consecuencia evidente del desinterés de los poderes públicos por conservar tan magnífico patrimonio monumental. Pero, esto es España. Para más información acerca del lugar:

http://www.desdeelrincondeademuz.com/2012/10/visita-guiada-las-ruinas-de-moya-i.html

Y ya de vuelta hacia Cuenca capital, por la N-420, a la altura de Cañada del Hoyo, podemos visitar un espectacular monumento natural, conocido como las Lagunas de Cañada del Hoyo. Son un complejo único, formado por 7 lagunas, 3 de gestión pública y 4 de gestión privada. Visité el conjunto formado por las Lagunas de la Gitana, del Tejo y la del Lagunillo Tejo. Las otras cuatro, denominadas Parra, Cardenillas, Lagunillo Tortugas y Llana se encuentran en el interior de una finca privada, que no obstante sí que permite el paso para visitarlas. Geológicamente son torcas, formaciones kársticas cubiertas parcialmente de agua, en función del nivel freático que posea en cada momento. Las llamadas lagunas ocupan la depresión circular originada por la erosión de la roca caliza.

La característica que más llama la atención del visitante es que ninguna de ellas tiene el mismo color que las demás. Esta circunstancia se debe a que cada una posee diferentes tipos de microorganismos que hacen que el color de la laguna cambie cuando la contempla el ojo humano. Pero también influye en esa percepción la luz, la temperatura, la época del año e incluso, la hora del día. La Laguna del Tejo es de color azul oscuro, el Lagunillo del Tejo es negro y la Laguna de la Gitana es de color azul. Estas tres son las que visité.

La laguna de la Gitana tiene una leyenda asociada y relacionada con el cambio de color de las aguas. Dice así: en la Edad Media, los hijos de dos familias gitanas enfrentadas se enamoran, al modo de los Romeo y Julieta shakesperianos. Las familias les obligan a separarse. La doncella, desesperada y enferma de amor, desapareció un día en la laguna y nadie más la volvió a ver nunca más. Cada verano las aguas cambian del color verde-azulado habitual a blanco lechoso en recuerdo del amor puro. Hasta aquí la leyenda. La realidad es que entre julio y agosto, el carbonato cálcico precipita ocasionando el fenómeno físico-químico.


 
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