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El Norte
 

 

- Monasterio de Piedra y Daroca -

Situado en el término municipal zaragozano de Nuévalos, el Parque Natural del Monasterio de Piedra está dentro de la red de espacios protegidos de Aragón, y declarado Paisaje Pintoresco en 1945.

La corriente del río Piedra ha modelado la roca caliza predominante en las abruptas sierras del Sistema Ibérico y ha formado lagos, grutas y cascadas, como la impresionante "Cola de Caballo", de 50 m. de altura, detrás de la cual se encuentra una gran gruta natural, rebosante de agua en sus paredes. El Parque, de gestión y propiedad privada, acoge densos bosques de ribera, donde conviven múltiples especies de animales y gran variedad de árboles gigantescos. Y también cuenta con la primera piscifactoría fundada en España, en 1866, por Juan Federico Muntadas, cuya familia sigue siendo actualmente la propietaria del parque natural.

El Monasterio cisterciense del Piedra fue fundado en 1194 por monjes de la Abadía de Poblet, a petición de Alfonso II de Aragón. En la visita se muestra al público la Sala Capitular, las Capillas Barrocas, la Abadía, la Cripta, el pasadizo románico de los Conversos, la cocina conventual (donde se elaboró el primer chocolate en Europa en 1535), el Refectorio, el Calefactorium, el Lavatorio, el Cillero.

El Museo del Vino D.O. Calatayud se ubica en los antiguos cilleros o bodegas del Monasterio.

 

Situada en pleno Sistema Ibérico, en el valle del río Jiloca, la antigua Darüqa islámica (hoy Daroca) se asienta a los pies de una ladera.

Daroca es cruce de caminos, ciudad libre en un mundo feudal, compartimentado y dividido, tierra de frontera, ya sea con los estados islámicos o con Castilla. Su recinto amurallado protege el casco histórico, el más extenso de Aragón, y es muestra del valor estratégico del lugar. Los templos que aún se conservan, evidencian la importancia de la ciudad durante la Edad Media. Desde la altura, Daroca es un mosaico en el que se entrelazan los tejados rojizos con el gris pardo de la piedra de las fachadas. En el conjunto destaca la mole de la Colegiata de Santa María.

Uno de los encantos de Daroca es recorrer sus murallas, de diferentes épocas, hasta el antiguo castillo, donde se ubican los restos de la primitiva alcazaba musulmana y desde la que se observa una impresionante panorámica del conjunto urbano. Otro tramo recomendado para su visita es aquel que une (o mejor unía) la Puerta Alta, el Cerro de San Cristóbal y la Puerta Baja, tal vez el más interesante del recinto.

La Colegiata de Santa María despierta interés por guardar la reliquia de los Sagrados Corporales, protagonistas de un milagro que durante siglos hizo de Daroca un centro cristiano de peregrinación.

Así mismo, en Daroca se reúne desde 1979 el Festival de Música Antigua, de gran relevancia internacional, en el cual, las principales iglesias de la ciudad se convierten por unos días en escenario de aprendizaje y disfrute de la música de otros tiempos. Además, a finales del mes de julio tiene lugar la Fiesta Medieval, durante la cual la gente se disfraza y tienen lugar representaciones y recreaciones medievales, entre las que se se encuentra la leyenda de la "Morica Encantada". Incluyen exhibiciones de Juegos Tradicionales y combates medievales con explicación de armas y armaduras. Durante la Feria, los comercios de la ciudad toman el aspecto de viejas "tabernae" (tiendas) y locales gremiales.

En resumen, Daroca posee uno de los conjuntos histórico-artísticos más importantes de Aragón. Fue fundada en el siglo VIII y mantiene intacto su urbanismo medieval. Su esplendoroso pasado ha dejado huella de diferentes corrientes culturales: mudéjar, románico, gótico, barroco,...

En el páramo cercano a Daroca, mares de cereal a mil metros de altitud anticipan la presencia de una gran extensión de agua salada, la laguna de Gallocanta, que alberga una rica biodiversidad, en concreto de aves migratorias. El municipio de Berrueco ofrece desde los escasos restos de su castillo, una excelente panorámica de la cuenca endorreica (agua salada y sin cauces al océano). Al acercarnos a la orilla, podremos contemplar el espectáculo de las miles de aves que acuden a Gallocanta periódicamente, como las grullas, en busca del mejor refugio.

 

 

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