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ORIGEN PRIMERO DE LA REPÚBLICA DE WEIMAR

La abdicación del Kaiser Guillermo II, el fin de la I Guerra Mundial y la desaparición del II Reich (el sistema político alemán) precipitaron el advenimiento de un nuevo sistema en lo que quedaba del viejo imperio alemán: la República de Weimar, así llamada por la localidad donde se reunió la Asamblea Nacional constituyente y se proclamó la nueva constitución, que fue aprobada el 31 de julio y entró en vigor el 11 de agosto de 1919.

En los últimos meses de la I Guerra Mundial, Alemania estaba al borde del colapso militar y en agosto de 1918, el Alto Mando Alemán se reunió en Spa y confirmó la inutilidad de continuar la guerra. Los aliados por entonces preparaban el asalto final contra el búnker alemán. El Alto Mando alemán esperaba salvar el ejército, negociando con los aliados a espaldas de los dirigentes políticos, a pesar de que los alemanes se encontraban a cien kilómetros de París. Los militares, conocedores de la situación real, sabían que el régimen imperial estaba herido de muerte y procuraron salvar la cabeza. El 27 de septiembre de ese mismo año, los responsables del alto Mando Hindenburg y Ludendorff informaron por fin al gobierno imperial y pidieron el armisticio inmediato. Los políticos supieron de golpe y porrazo que la guerra estaba perdida y que los militares habían intentado ocultarlo. En pocos días, un nuevo gobierno, dirigido por un político de corte pacifista y talante liberal, el príncipe Maximilian von Baden, negoció sobre los 14 puntos de Wilson, presidente de EEUU, que a espaldas de sus aliados, exigió transformaciones políticas y militares del régimen alemán. El ejército se oponía, y los socialistas exigieron la abdicación del káiser Guillermo para tomar el poder, aunque en principio sus dirigentes intentaron mantener las estructuras imperiales.

Todavía no había acabado el conflicto, pues la Armada alemana, parece que para salvar el honor, quisieron enfrentarse todavía con la Royal Navy británica, y en ese sentido se dieron instrucciones desde Kiel por el Alto Mando de la Marina, mientras el agotado país esperaba el armisticio como agua de mayo. Gran parte de los marineros se amotinaron y causaron disturbios en los que hubo muertos. Los marineros tomaron el control de la base naval de Kiel, y formaron junto a soldados y obreros un Consejo similar a un Soviet. Los sucesos del 4 de noviembre en Kiel, encendieron la mecha de la revolución en el resto de Alemania. Los soldados se levantaron contra los oficiales y los mandos fueron relevados de sus funciones. Las huelgas de solidaridad extendieron la insurrección de la costa a las ciudades al interior.

El 6 de noviembre, el canciller von Baden propuso a Guillermo II su abdicación, en un intento desesperado de salvar el sistema monárquico en la persona de algún sucesor, pero no tuvo éxito. La situación se volvía insostenible para los monárquicos, y el 7 de noviembre, el rey Luis III de Baviera huyó de Munich, proclamándose la república de Baviera, dirigida por el socialista Kurt Eisner. La pólvora seguía prendida, y llegó a Berlín, cuando el 9 de noviembre, el canciller anunció por fin la abdicación de Guillermo II y nombró como sucesor al socialdemócrata Fiedrich Ebert. Ante el cariz revolucionario de los acontecimientos, que se precipitaron, los príncipes gobernantes de los demás estados alemanes abdicaron y con ello se desmoronó el sistema imperial del II Reich. Se proclamó la República.

En noviembre de 1918 la gran mayoría de los alemanes estaba dispuesta a apoyar a un gobierno democrático. A los socialdemócratas, el partido parlamentario más numeroso, se les confió la dirección y formación del futuro sistema de gobierno, que debería ser republicano, dado el desprestigio de una institución la monárquica, que había dirigido a la nación a la derrota ante las potencias europeas rivales y ante los norteamericanos, la gran potencia emergente del conflicto. Los socialdemócratas se escindieron y algunos reclamaron la dictadura del proletariado. Los socialdemócratas se aliaron con los socialistas independientes y lograron controlar a la revolucionaria Liga Espartaquista, cuyo objetivo final era la dictadura del proletariado. El 11 de noviembre, los nuevos dirigentes republicanos, socialistas demócratas, firmaron el Armisticio de Compiègne, basado en los 14 puntos de Wilson.

La Revolución había terminado antes de comenzar, y las clases populares quedaron marginadas de la política, como siempre. Esta renuncia voluntaria al poder provocó el estupor y la acción desesperada de la Liga Espartaquista, que como hemos visto, era el sector revolucionario del socialismo y que era rechazada por la mayor parte de la población. Para consolidarse, la recién nacida República logró el acuerdo entre sindicatos y patronales el 15 de noviembre, tranquilizando de esta forma a la burguesía. La República de Weimar estaba en marcha, aunque aún no estaba consolidada, pero ésa es ya otra historia.

 

 

 

 

 

 

 



 
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