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Revista de Historia Contemporánea

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LA REBELIÓN DE LOS CIPAYOS

Los cipayos (shipahi) eran soldados indígenas que servían en el ejército de la Compañía Británica de las Indias Orientales bajo el mando de oficiales británicos. Este ejército privado tenía mayor número de efectivos que el Ejército colonial británico en la India. En 1857, fecha de inicio de la sublevación, había en la India aproximadamente 257000 cipayos, y formaban el grueso del ejército británico en el subcontinente. La diferencia étnica entre oficiales y tropa fue con el tiempo, generando una animadversión mutua, quizás más acentuada en el caso del soldado indio, ante el evidente desprecio del oficial británico blanco hacia sus subordinados, a quienes consideraba étnicamente inferiores, en una muestra más del eurocentrismo de raíz étnica que caracterizaba a las potencias coloniales europeas en sus correrías extracontinentales (y aún continentales).

En 1856, tropas de cipayos fueron enviadas a combatir a Birmania, fuera de la India, circunstancia que ocasionó malestar en el colectivo, ya que la Cipayostradición hindú señalaba que aquellos que «atravesaban las aguas negras» perdían su casta en la comunidad hindú. Otras causas del descontento cipayo estaban relacionadas "el bolsillo", pues la paga era baja, abusos cometidos por la Compañía comercial de las Indias Orientales, desafortunados cambios administrativos o las expropiaciones de tierras en el Norte de la India, etc, etc, etc.

El ambiente estaba caldeado, pero hubo una gota que desbordó el vaso. Comenzó a utilizarse el fusil Enfield Modelo 1853, que utilizaba un cartucho de papel que debía rasgarse con los dientes para su uso. Pues bien, se extendió rumor de que el dichoso cartucho estaba recubierto de una membrana engrasada de origen animal, pero no cualquier animal, si no nada más y nada menos que de vaca o de cerdo, animales sagrado el primero para los hindúes y el segundo, impuro para los musulmanes. Para que queremos más: el conflicto estaba servido. Otro rumor extendido entre hindúes y musulmanes era que el dominio británico sólo duraría 100 años. Y ese tiempo había concluido, ya que se consideraba el comienzo de dicho dominio en 1757 con la batalla de Plassey. Había que acabar con la presencia de los casacas rojas en el subcontinente indio. British, GO HOME!

En febrero de 1857, un regimiento de cipayos se negó a usar los famosos cartuchos. Durante los meses siguientes, otros regimientos se negaron a utilizar el cartucho. La subsiguiente represión británica (encarcelamiento de los cImagen de la guerraabecillas, licenciamiento de regimientos enteros,...) hizo que por fin prendiese la mecha de la revuelta. los Regimientos de caballería 10º y 20º de Bengala en Meerut, se alzaron en contra de sus oficiales británicos, liberaron a los prisioneros del 3º regimiento que estaban presos y atacaron e incendiaron los enclaves europeos de la zona, y mataron a todo blanco, hombre, mujer o niño que se cruzó en su camino. Ya estaba el jaleo montado. Los británicos, desbordados, no pudieron impedir que los rebeldes se dirigiesen a Delhi, la capital del Imperio Británico en la India. El emperador mogol Bahadur Shah Zafar, de ochenta y dos años, y que residía en el Fuerte Rojo de la capital, conquistada por los rebeldes, accedió a las peticiones de los cipayos, que le pedían recuperar su trono, y se puso al frente de la sublevación. 50 europeos que habían sido capturados en Delhi fueron ejecutados. Los que lograron huir corrieron suertes diversas. Algunos lograron apoyo de los nativos, pero otros fueron robados y asesinados. Al parecer, Bahadur Sha se opuso a las ejecuciones, pero los cipayos quisieron hacerle responsable ante los británicos y aseguraron que las ejecuciones se hacían en su nombre, para evitar tentaciones del anciano monarca.


El emperador fue así restituido en su trono, pero no contó ni mucho menos con la mayoría de la población. Pues había facciones que deseaban que el trono fuese ocupado por los marathas, ya que no querían la restauración del poder mogol. Muchos indios respaldaban a los británicos debido a que rechazaban la idea del retorno del Imperio Mogol o de la Confederación Maratha. La nobleza india, los rajás, no concebían una nación india unitaria, pues desde tiempos inmemoriales estaban acostumbrados a la división política, social, religiosa y política en la región. Apoyados en estas fuerzas, los británicos reaccionaron y fueron recuperando el dominio del subcontinente. La mayor parte de las operaciones militares tuvieron lugar en el norte, mientras que la llanura del Decán se mantuvo relativamente tranquilo, con brotes esporádicos de violencia.

Las fuerzas británicas, muy organizadas y superiores en armamento y estrategia, fueron imponiéndose a los cipayos, que tenían mucho entusiasmo pero poca organización y liderazgo, a pesar del emperador Bahadur. Así que para finales de 1857, los británicos habían comenzado a ganar terreno a los rebeldes. En julio de 1858, la guerra cesó. Los líderes de la rebelión había sido liquidados o habían huido del país. Fue una guerra atroz y cruel, con episodios salvajes por ambos bandos.

Los regionalismos e intereses particulares impidieron a los rebeldes formar un frente unido, y por el contrario, la Compañía Británica de las Indias Orientales y sus aliados indios tuvieron un objetivo único: preservar sus inmensas ventajas comerciales y manteneEl viento del diablor los privilegios regionales o de casta en el caso de los indios. La crueldad llamó a la crueldad. En pago a las cruentas acciones de saqueo y masacre sobre civiles británicos, éstos reaccionaron ejecutando a cuanto cipayo cayó en sus manos, e incluso a gran número de civiles que habían simpatizado con la causa rebelde. Debido a las matanzas de civiles en Delhi y Kanpur, ni la prensa británica ni el Gobierno de su Majestad optaron por la clemencia, en contra de la opinión del Gobernador General de la India, Canning. Muchos prisioneros rebeldes fueron ejecutados de forma atroz: atados a la boca de un cañón, se disparaba el proyectil que despedazaba literalmente el cuerpo del ajusticiado, lo que suponía a la vez escarmiento para los futuros rebeldes y aterrorizaba a los hindúes, pues impedía la reencarnación del difunto. Esta represalia especialmente cruel fue conocida entre los indios como "el viento del diablo".

Consecuencia de la rebelión fue la transferencia a la Corona británica de los poderes hasta entonces detentados por la Compañia de las Indias Orientales y se nombró desde Londres un Virrey, como máxima autoridad de la colonia, la joya de la corona británica. Bahadur fue condenado por traición y exiliado a Rangún, donde falleció en 1862, finalizando con su muerte la dinastía Mogol.

 
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