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Revista de Historia Contemporánea

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LOS NIHILISTAS RUSOS

El nihilismo, del latín nihil (nada) e ismus (doctrina, movimiento, práctica de) es una "actitud" filosófica, puesto que no es una tendencia filosófica estrictamente definida, de negación de todo principio, autoridad, dogma filosófico o religioso. El nihilismo es una posición filosófica que argumenta que el mundo, y en especial la existencia humana, no posee de manera objetiva ningún significado, propósito, verdad comprensible o valor esencial superior, por lo que no nos debemos a éstos.

En Nietzsche, el nihilismo se definirá en función de la voluntad de poder. Cuando esa voluntad, la esencia de la vida, disminuye, surge el nihilismo pasivo, la decadencia.

El fenómeno cultural ruso conocido como nihilismo se desarrolló durante el reinado de Alejandro II ( 1855 a 1881), zar de carácter liberal y reformista. La década de los sesenta es considerada como la década del nihilismo. La pérdida de la guerra de Crimea (1854 - 1856), la apertura del régimen al exterior (apertura no sólo económica, sino también cultural e ideológica) y las relativas libertades concedidas por el zar -por ejemplo, en prensa- sirvieron de caldo de cultivo para esta nueva subcultura.

El nihilismo ruso fue un movimiento de carácter fundamentalmente intelectual. Los jóvenes nihilistas, retratados como rudos y cínicos, combatieron y ridiculizaron las ideas de sus padres. Su sinceridad rayaba la ofensa y el mal gusto, y esta actitud fue lo que más pareció definir a este movimiento. La actitud despectiva y negativa quedó perfectamente retratada en el personaje Bazarov de la novela "Padres e hijos" de Turgénev. El nihilismo ruso ponía el acento sobre con los fracasos del pasado y la elaboración de una nueva identidad. Se trataba de destruir los ídolos, y quemar lo inservible de la sociedad.

En el extremo sentimentalismo de los padres, estos jóvenes sólo veían una forma de hipocresía. Observaban cómo sus románticos padres explotaban a sus siervos, maltrataban a sus esposas e imponían una disciplina estricta en sus hogares y, paradójicamente, luego se dedicaban a hacer poemas y exhibir un comportamiento ridículo. Los nihilistas rechazaban y abandonaban, en nombre del progreso, todo lo que no podía ser justificado científicamente, como supersticiones, prejuicios y costumbres.

El espíritu nihilista de ese tiempo era ante todo individualista y no siempre políticamente revolucionario; algunas actitudes nihilistas radicales excluían cualquier orientación ideológica o política.

Criticaban las posiciones esteticistas en el arte por recrearse con la belleza en abstracto y carecer de una utilidad social real. Adoptaron también una postura ética utilitarista denominada "egoísmo racional" por la cual buscaron redefinir las relaciones sociales en ámbitos como la amistad, el amor o el trabajo.

Los nihilistas se oponían a todo lo que representaba la sociedad rusa tradicional, cuestionando todas las formas de autoridad y considerando la destrucción del viejo orden como la principal herramienta de cambio político. Frente al orden patriarcal, ellos creían en la igualdad de sexos; frente a la religión cristiana, ellos eran ateos y materialistas; frente a la familia tradicional, ellos reivindicaban las comunas y el amor libre; frente al orden social establecido, ellos creían en la evolución y el progreso, rechazando todas las convenciones e ideas preestablecidas. Y por encima de todo reivindicaban el papel de la ciencia como fuerza liberadora en la construcción de una nueva sociedad, desterrando la superstición, la ignorancia y los privilegios.

Los nihilistas rusos tienden a ser asociados con la violencia, revolución y actos terroristas como el asesinato del Zar Alejandro II por el grupo 'La Voluntad del Pueblo'. De hecho, muchos de los actos asociados con el derrocamiento violento del régimen de los zares ocurrieron bajo los auspicios de otros grupos como los anarquistas, marxistas y populistas narodistas en los años 1870.

Después del asesinato para el Zar, algunos empezaron a cuestionar la utilidad estratégica de la violencia escalada pero pocas alternativas existían en el entorno opresivo de la Rusia imperial. Los monarcas posteriores Alejandro III y Nicolás II sólo se hicieron más reaccionarios y de mentalidades cerradas mientras que a la misma vez anulaban hasta las mínimas libertades públicas.

 
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