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Revista de Historia Contemporánea

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NACIONALISMO MAGIAR BAJO EL IMPERIO AUSTRO-HÚNGARO

El 30 de marzo de 1867, el emperador Francisco José y una delegación de notables húngaros firmaron un compromiso (Ausgleich, en alemán), en virtud del cual el imperio quedaba dividido en dos reinos: Hungría y el resto. "El resto" era conocido por Austria, pero no tenía nombre oficial. Se produjo así cierta normalización de las relaciones entre el emperador y la aristocracia húngara, aunque se mantuvieron las tensiones entre los partidarios del entendimiento con la corte imperial y los de la confrontación y separación de Hungría de esta entidad política. La Primera Guerra Mundial supondría la ruptura del imperio y la proclamación por los magiares de una república independiente de Austria.

En esta época, hubo dos Parlamentos y dos Gobiernos, con sus dos primeros ministros. Los dos reinos sólo tendrían tres gobernantes comunes: los ministros de Asuntos Exteriores, Guerra y FinFrancisco José Ianzas. Ninguna de las dos entidades tenía unidad propia desde el punto de vista étnico. Si en lo que podemos llamar Austria había, además de alemanes, checos, italianos, polacos, rutenos y eslovenos, en Hungría, además de magiares, había croatas, serbios, rumanos y eslovacos.

Durante este periodo, ni las minorías ni los nuevos movimientos sociales pudieron participar activamente en la política imperial por hallarse restringido el sufragio. El debate, a veces violento por el asunto de la asociación con Austria, siempre estuvo presente en la mente de los mandatarios magiares.

Antes del compromiso de 1867, Francisco José recurrió a todo para atraer a los magiares. Se intentó dar a todas las provincias la misma autonomía que se ofrecía a Hungría. La solución fue rechazada, pues Hungría no se tenía por una provincia normal: por amplia que fuera la autonomía concedida, siempre quiso más que las demás. Los fracasos exteriores precipitaron el acuerdo: la derrota ante los prusianos en Sadowa en 1866, puso en una situación de debilidad al gobierno imperial, que no tuvo más remedio que ceder. Hungría nunca negoció con Austria, sino directamente con Francisco José. Los magiares extrajeron todas las concesiones constitucionales sin que nadie consultara a los demás si querían conceder aquellos privilegios. Croatas, serbios y rutenos, que quedaron bajo la férula magiar, preferían, ya puestos a carecer de independencia, depender de Viena antes que de Budapest.

Los partidarios magiares de la unión austro-húngara de 1867, creían que este pacto garantizaba la unidad territorial húngara frente a los anhelos de sus vecinos y de las minorías y que le concedía el estatus de gran potencia. Sus adversarios políticos, en cambio deseaban una mayor autonomía de Austria, o directamente, la independencia. El Partido Liberal y su sucesor, Partido del Trabajo Nacional, aglutinaron a los que deseaban el Ausgleich, la unión con Austria, y manipularon una y otra vez los mecanismos electorales para perpetuarse en el "poder", ya que en el escaso censo que podía votar (el 7%), el Ausgleich era claramente impopular. Ni que decir tiene que la autoridad imperial apoyaba a los liberales húngaros para que mantuviesen tranquilos a sus conciudadanos. La oposición, incapaz de acceder al gobierno magiar, por tener bloqueados los resortes de poder los liberales, de momento recurrió cada vez más a la obstrucción de la normalidad parlamentaria haciendo uso del reglamento de la cámara, que lo permitía.

La corrupción y los sobornos de los que hacían gala los liberales, dirigidos por la familia Tisza, garantizaron durante estos años las victorias electorales del Partido Liberal. Los Tisza controlaban totalmente el Partido, en realidad la comandita partidaria de Tisza, y de su misma clase social aristocrática. En realidad, hasta la derrota austro-húngara en 1918, la política magiar estuvo dirigida por las clases altas húngaras, pertenecientes tanto a la nobleza, como a la alta burguesía del país.

El nacionalismo magiar, que consideraba la unidad territorial fundamental para la pervivencia de la identidad húngara, se mostró más fuerte que la inclinación al liberalismo de la clase dirigente. Los liberales por fin fueron derrotados en unas elecciones limpias en 1905, cuando su líder Esteban Tisza se negó a realizar el pucherazo. Con el desalojo de los liberales del gobierno magiar, el Emperador no tuvo más remedio que enfrentarse a unos adversarios nacionalistas que estaban en contra de la unión con Austria.

El Emperador Francisco José como no quería dar su brazo a torcer, no quiso hacer concesiones al nacionalismo magiar, que ya extendía sus tentáculos incluso dentro del ejército. Y tomó la resolución que toman los autócratas cuando se encuentran con una oposición bien organizada y ante una situación política que se le iba de las manos: en un golpe de estado, disolvió por la fuerza el Parlamento, suspendió la constitución e impuso un gobierno militar con un general al frente.

Ante la feroz reacción imperial, la oposición, en abierta rebeldía contrEl conde Esteban Tiszaa el gobierno, pero muy debilitada, no tuvo más remedio que negociar con el monarca y sus ministros, más deseosos incluso que los rebeldes de acabar con la conflictiva situación, puesto que afectaba muy negativamente a la imagen exterior del país. Por fin, tras 15 meses de tensiones, hubo acuerdo, y se convocaron nuevas elecciones.

La Coalición opositora que había vencido en 1905, volvió a hacerlo en 1906, y el Emperador le encargó la formación de gobierno, y la ampliación del sufragio, algo que no gustó a ninguno de los partidos oligárquicos magiares, por el más que probable aumento de la influencia de las minorías étnicas y de los socialistas en la política del país, y mostraron su nacionalismo contra éstas. Quizás fue una buena jugada política imperial para dividir a los húngaros. En 1908, fracasó el proyecto de reforma electoral, lo que ocasionó el fin de la Coalición, cuyos miembros se fueron unos a Úbeda y otros a Baeza, es decir, a defender diferentes proyectos políticos. Tras la disolución de la Coalición Esteban Tisza, en la sombra, controló el nuevo gobierno, y tras deshacerse de la oposición parlamentaria, volvió triunfante a la presidencia del gobierno en 1913, controlando la política húngara hasta 1918. La oposición durante estos años sufrió un ataque de frustración y de impotencia ante el control de los resortes del poder en Hungría de los que hacía gala el liberal Tisza.

El Ausgleich acabó con el imperio, pero también acabó con Hungría. Posiblemente la mayoría de los magiares nunca quiso ser totalmente independientes. Tan sólo quisieron que se les reconociera una posición privilegiada en perjuicio de los demás pueblos del imperio.

 

 

 

 

 

 



 
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