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EL FINAL DEL PRIMER REICH

El 6 de agosto de 1806 el Sacro Imperio Romano Germánico, el I Reich, creado por Carlomagno como rival occidental del imperio bizantino, desaparecería formalmente cuando su último emperador FranciscoFrancisco II II (desde 1804 emperador Francisco I de Austria), a consecuencia de la derrota de Austerlitz ante Napoleón Bonaparte, decretó la supresión del Sacro Imperio con la sana intención de impedir que el ambicioso corso se apropiara del título y la legitimidad histórica que éste conllevaba.

A consecuencia de la derrota, Viena firmó una paz precaria en Presburgo (26/12/1805), que supone la ampliación del control francés sobre Italia y la satelización de Alemania, que como hemos dicho, supone el final del Sacro Imperio y la constitución de la Confederación del Rin, bajo protección de Bonaparte.

El advenimiento de la muy artificial Confederación del Rin, una serie de estados alemanes destinados a actuar de frontera entre Francia y Prusia, ocasionó que Prusia vio estos movimientos como una afrenta a su condición de principal potencia de Europa Central y fue a la guerra contra Francia en 1806. Prusia sería derrotada a su vez por los franceses en la batalla de Jena (14/10/1806). Los sucesores de Francisco II continuaron titulándose emperadores de Austria hasta 1918.

Es harto significativo que la extinción del Sacro Imperio Romano Germánico, viniera propiciada por la proclamación del napoleónico Primer Imperio Francés y que el Segundo inaugurado por el sobrino de Bonaparte, Napoleón III, fuera anulado a su vez, por el II Reich alemán del prusiano Guillermo I.

A lo largo del siglo XVIII, el pensamiento de poder político llevó a que los Estados, sobre todo los más grandes, tomasen el modelo absolutista como ejemplo para sí mismos. Y que, por consiguiente, intentasen ponerlo en práctica hacia dentro y hacia fuera de sus fronteras. Los Estados alemanes del sur utilizan esto a su favor y se alían con Napoleón. Se transforman en Estados autónomos, ganan soberanía. El imperio comienza a carecer de sentido.

El Imperio se desintegró porque, en los últimos siglos, no ejerció una política de defensa y de exteriores común. Pretendía proteger a sus habitantes, hacia dentro y hacia fuera, y era bastante abierto con sus fronteras.

 

 

 
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