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Revista de Historia Contemporánea

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EL TIGRE DEL MAESTRAZGO

 

Ramón Cabrera Griñó (Tortosa 1806- Wentworth 1877) es una de las figuras más atractivas del siglo XIX español. De seminarista y guerrillero, pasó a convertirse en caudillo de un poderoso ejército que estuvo a punto de cambiar la historia contemporánea de España.

Seminarista, durante las guerras carlistas fue el oficial más famoso del Maestrazgo, Aragón y Cataluña. En 1838, con tan sólo 32 años de edad, fue ascendido a teniente general, y nombrado conde de Morella (hermosa ciudad en la provincia de Castellón) por el pretendiente al trono español, don Carlos, durante la Primera Guerra Carlista (1833-1840). La guerra de Cabrera -que tenía el don natural de liderar hombres, y con un reducido grupo de guerrilleros derrotó al ejército gubernamental creando su propio Estado- conmocionó el Ebro y el Maestrazgo, y el eco de aquella carnicería escandalizó a Europa. El nombre de Cabrera, un mito romántico forjado con amores apasionados, odios y venganzas desenfrenadas, fue también víctima de una leyenda negra.

Cabrera fue, sin duda, el mejor de los generales de ambos bandos, más aún tras la muerte, en 1835, del general carlista Zumalacárregui durante el asedio de Bilbao. El fusilamiento de su madre, María Griñó, y hermanas, que se produjo en la localidad bajo-aragonesa de Alcorisa (provincia de Teruel) a manos del liberal Nogueras, hizo de Cabrera un personaje cruel que instaló en la comarca del Maestrazgo (entre Teruel y Castellón) un auténtico reino, bastión irreductible, en el que, por su valor y coraje, pero también por su falta de piedad con los enemigos, Cabrera habría de ganarse el apelativo de El Tigre del Maestrazgo. Su peculiar reino de taifas tenía dos inexpugnables plazas fortificadas: Morella y Cantavieja, ésta última en la provincia de Teruel. En ambas se llegó a acuñar moneda propia, se editaron diarios y boletines oficiales, y hubo universidad, así como academia de cadetes y oficiales.


Fue en 1850, cuando exiliado en Londres, Cabrera casó con una dama muy rica de la alta sociedad inglesa, Miss Marianne Catherine Richards (1820-1915). Convertido en gentleman por este matrimonio, vivió un prolongado exilio en su finca de las afueras de Londres, Wentworth, desengañado por los horrores de la guerra y las intrigas.

A pesar de ello, la figura de Cabrera, cada vez más alejado de la causa carlista, siguió sin embargo siendo muy influyente entre los legitimistas. Así, a comienzos de la Tercera Guerra Carlista, en 1872, una comisión de notables del partido de don Carlos se trasladó a Londres para instarle a que se pusiera al frente de las fuerzas realistas. Pero él rechazó no sólo el cargo, sino también la guerra.


Tras la Revolución que depuso del trono a Isabel II, dirigió fugazmente la reconstrucción política y militar del Carlismo, hasta que su incompatibilidad con el joven pretendiente Don Carlos, le llevó a apartarse de las filas en las que había militado toda su vida y acabar reconociendo a Alfonso XII. En 1875, Cabrera lanzó una proclama invitando a los tradicionalistas a deponer las armas, después de haber negociado con el gobierno de Madrid el mantenimiento de los fueros vascos y navarros, así como el reconocimiento de los empleos civiles y militares a los carlistas que se sometieran, y la reparación de los daños materiales causados por la guerra. Alfonso XII, por su parte, nombraba a Cabrera capitán general del Ejército español. Por su parte, el pretendiente Carlos VII declaraba a Cabrera reo de alta traición.

 
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