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EL SOLITARIO DE NEUSCHWANSTEIN

El rey Luis II de Baviera, nació el 25 de agosto de 1845 en el castillo de Nymphenburg. Reinó en Baviera entre 1864 y la fecha de su muerte, el 13 de junio de 1886. A temprana edad ya mostraba maneras, pues en cierta ocasión le espetó a su institutriz algo así como "Un eterno enigma quiero permanecer para mí y para los demás". Pero esta frase forma parte de su leyenda, desde luego.

Luis recibió una esmerada educación, destacando en ella su aprendizaje artístico. En su vida existieron dos grandes obsesiones: la construcción de grandiosos castillos y su pasión por Richard Wagner. Seguramente luchó contra su homosexualidad, lo que posiblemente pudo también influir en su melancolía. No se puede luchar contra una realidad. Pero desde su cargo de rey no pudo asumir su orientación sexual de forma pública, algo que le atormentó durante toda su vida, y que le hizo sumirse en un mundo a su medida que él mismo ordenó construir. La presión prusiana tras la derrota bávara fue otro de los factores que ahondaron su aflicción y tristeza, lo que le llevó al ensimismamiento, completamente reñido con sus labores y tareas como cabeza visible de un Estado teóricamente soberano que no lo era tanto en la práctica.

Fue un tímido soñador, y los castillos que mandó cosntruir para su solaz esparcimiento, testimonian en piedra su particular universo paralelo ideal. Su espíritu fantasioso, su timidez exagerada, su tendencia al aislamiento y un acusado espíritu de soberanía se atestiguan desde su infancia. Subió al trono a la temprana edad de 18 años, sin experiencia vital ni política.

En cuanto subió al trono, mandó llamar a su lado a su admirado Richard Wagner, al que consideraba un espíritu afín, capaz de plasmar en sus magistrales obras musicales la sensibilidad artística y humana que él se veía incapaz de exteriorizar. Pero los políticos más reaccionarios de Baviera consiguieron que el rey despidiese a Wagner. Estos dirigentes pensaban que el genial músico ejercía una influencia demasiado profunda sobre el joven monarca, algo que distorsionaba las directrices de sus magnates, que no podían manipular al débil Luis a su antojo. Así que se libraron de él. Presionado por sus ministros, Luis II acompañó a Wagner hasta la misma frontera de sus dominios, con lágrimas en los ojos, prometiéndole sufragar sus gastos.

En 1866 sufrió una experincia traumática, él y su pueblo, puesto que Baviera, aliada con Austria fue vencida por la expansionista Prusia en la llamada "Guerra de las Siete Semanas". Desde entonces Baviera se convirtió en un estado vasallo del rey de Prusia, el tío de Luis. Como consecuencia de la derrota austrobávara, Luis II se vio obligado a aceptar un tratado de defensa mutua con los prusianos en 1867, compromiso que le obligó a entrar en guerra contra Francia en 1870 del lado de la potencia prusiana.

Posiblemente debido a esta dependencia exterior de la poderosa Prusia, Luis II contaba realmente muy poco en el contexto internacional, lo que le obligó en parte a edificar en su derredor un universo paralelo, un mundo apartado, en el que, alejado de la triste realidad, pudo sentirse como un verdadero rey.

Desde el año 1868 algunos escenógrafos y arquitectos habían concebido por encargo del melancólico monarca un "Nuevo Castillo de Hohenschwangau", más arriba del apacible castillo de Hohenschwangau de su padre, un "Palacio bizantino" y un nuevo Versalles. Estos proyectos arquitectónicos estaban fuera de la moda arquitectónica y artística de su tiempo. El "Nuevo Castillo" (Neuschwanstein), recordaba al viejo imperio germánico medieval; el nuevo Versalles, construido desde 1878 en el lago de Herrenchiemsee, rememoraba el absolutismo barroco de los Borbones de Francia. Linderhof, en el valle de Graswang, se convertiría desde 1869 en un lugar de encuentro para las ilusiones artísticas de las más diversas procedencias, sustentadas en la técnica más moderna. Cada vez pasaba menos tiempo en la capital bávara, Munich, y más en sus amados castillos de las montañas alpinas. Imbuido de la desilusión de gobernar en la época en que le había tocado vivir, Luis II se fue retirando cada vez más de la capital constitucional, residiendo en ella tan sólo el tiempo mínimo exigido por la Constitución bávara.

Su poética soledad no comulgaba con sus obligaciones como rey, aunque fuese un rey con pocas prerrogativas, siendo como era su reino un protectorado dependiente de Prusia, manteniendo una mera ficción como Estado. Esta situación le agobió cada vez más, y su huida de la realidad se estrelló con lo obvio: las arcas reales no soportaban la construcción de su reino de cuento. Los bancos europeos negaron el crédito y desde 1885 amenazaron con embargar el país si no se pagaban los enormes intereses que debía el Estado bávaro. Luis II, absorto como estaba e inmerso en su mundo de ensueño no fue capaz de reaccionar ante la adversidad, por lo que que el Consejo de Gobierno bávaro le declaró incapaz para gobernar en 1886 y derrocado. Se le internó, alegando locura, en el castillo de Berg, donde al día siguiente del encierro falleció en circunstancias muy extrañas, junto con su psiquiatra, quien había redactado el atestado de incapacidad para gobernar. Al atardecer del 13 de junio de 1886, el derrocado Luis pidió permiso para pasear por los alrededores del lago StarNeuschwansteinnberg junto con su médico-psiquiatra Gudden, quien despidió a los guardias que custodiaban al rey "loco". Lo cierto es que no volvieron ninguno de los dos, y fueron encontrados ahogados por la noche en el lago.

Como Luis era un buen nadador, su muerte generó todo tipo de sospechas. Quizás los guardianes les siguieron al lago y siguiendo instrucciones de las altas esferas bávaras provocaron la salida de este mundo de un personaje que parecía haberse vuelto molesto para algunos dirigentes. ¿Y el psiquiatra? Pues también fue ahogado para eliminar molestos testigos. Aunque otra versión habla de suicidio, que sería la oficial. Pero de nuevo nos encontramos con el enigma de la muerte de su médico.

El castillo más espectacular que Luis II ordenó construir fue el de Neuschwanstein, en la ciudad de Füssen, a 132 kilómetros al suroeste de Munich, en los Alpes, que terminó siendo su residencia más habitual. Al parecer, sirvió de inspiración a Walt Disney para construir el castillo de La bella durmiente , en Disney Land.

 
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