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Revista de Historia Contemporánea

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EL PRÍNCIPE PIOTR

Piotr Alexeiévich Kropotkin, nacido moscovita en 1842, en el seno de una familia "bien", que más que bien era aristocrática. Fíjense si no en estos datos: su padre, era el príncipe Alekséi Petróvich Kropotkin, dueño de grandes latifundios, en los que se deslomaban hasta más de 1200 siervos. Por línea paterna su linaje se remontaba a los Rúrik. Su madre Yekaterina Nikoláievna Sulimá era algo "mEl joven Kropotkinás modesta", "sólo" era hija de un general ruso.

Su familia le dedicó en un principio a la carrera militar, como buen noble que era. Por orden del zar Nicolás I a los doce años ingresó en el Cuerpo de Pajes en San Petersburgo, la academia militar más selecta de Rusia. Pero al joven Piotr no le gustaba nada de nada la férrea disciplina militar. Estaba llamado a más altos designios. Destinado a Siberia, se encargó de explorar un buen puñado de kilómetros cuadrados de la inacabable tundra siberiana. Su principal tarea fue evaluar el cruel sistema penitenciario siberiano para su reforma. Adquirió un punto de vista tal que se estremeció al comprobar las múltiples deficiencias de la burocracia estatal y la corrupción administrativa, y pudo observar así en primera línea las formas de cooperación directa y autónoma entre campesinos y cazadores. Por estos fríos pagos conoció al poeta ruso Mijaíl Larionóvich Mijáilov, condenado a trabajos forzados por sus ideas revolucionarias, quien le recomendó la lectura de Proudhon. Así el joven Kropotkin comenzó a radicalizar sus ideas, y a distanciarse de sus orígenes. También las ideas de Bakunin influyeron poderosamente en él.

Con motivo de la brutal represión de la insurrección polaca de 1863, abandonó el ejército, dedicándose a la Geografía y a criticar al régimen zarista, cuyos miembros comenzaron a cogerle ojeriza y a vigilarle de cerca. Viajando por Europa y Asia, lejos de aquéllos que le odiaban en su querida Rusia, contactó con activistas anarquistas. En 1872 se afilió a la Primera Internacional y apoyó la corriente anarquista de Bakunin, rival emprdernida de la facción marxista.

Pero como la madre Patria le tiraba, tuvo que regresar a Rusia, donde se le detuvo en 1874, por sus procaces actividades revolucionarias. En 1876 logró escapar y exiliarse en Francia, donde participó intensamente en los intentos de reunificación del movimiento obrero internacional. Fundó la revista El Rebelde (con un nombre que no deja lugar a dudas sobre sus tercas intenciones), desde cuyo foro defendió las ideas anarquistas y la necesidad de hacerlas realidad mediante el uso de la violencia. Con estas ideas de casquero, las autoridades francesas ya no pudieron seguir haciendo la vista gorda ante el bueno de Kropotkin, que fue detenido en 1882, y liberado en 1886, cuando se largó a Gran Bretaña, donde es posible que fuesen algo más liberales y le dejasen trabajar con mayor manga ancha. Y aquí es donde parece que se dio a la literatura, puesto que residió y trabajó durante treinta años. Sus principales obras, doctrinarias anarquistas fueron: La conquista del pan (1888), Campos, fábricas y talleres (1899), Ayuda mutua (1902) y Memorias de un revolucionario (1906).

En sus textos definió acertadamente y puso en papel las tesis del comunismo libertario, ideología predominante entre los anarquistas de finales del siglo XIX y comienzos del XX, que sustituyó al viejo colectivismo de Proudhon y Bakunin. El ideario comunista libertario consistía en defender la organización colectiva de la producción en comunas autosuficientes, regidas por una concepción del mundo estrictamente científica, unas relaciones sociales basadas en el apoyo mutuo y una moral de libertad, solidaridad y justicia. Un gran pensamiento, pero muy utópico y desgraciadamente imposible de poner en práctica, visto como se las gasta el ser humano. Pero fue un bonito intento teórico de igualar a los hombres.

El tema recurrente de los numerosos trabajos de Kropotkin fue la abolición de toda forma de gobierno en favor de una sociedad que se rigiera exclusivamente por el principio de la ayuda mutua (su principal idea, y título de uno de sus libros) y la cooperación, sin necesidad de instituciones estatales. Por eso no le gustó nada la dictadura del proletariado que había impuesto Lenin en la Santa Rusia. Esa sociedad ideal (comunismo anarquista o anarcocomunismo)Kropotkin, ya anciano sería la última fase de un proceso revolucionario que pasaría previamente por el anarco-colectivismo, posteriormente conocida como anarco-socialismo, teoría cercana al comunismo.

Si en un principio, Kropotkin había partido de posiciones políticas extremistas que defendían la violencia para poner en práctica el ideario anarquista, con los años, como todos, se fue ablandando y moderando sus primitivas posturas de poner bombas a porrillo en todos lados. En sus últimos años, preconizó vías de acción eminentemente políticas, guardó las bombas, puñales y pistolas en el baúl, y valoró positivamente la lucha sindical como medio de despertar la conciencia revolucionaria de las masas, bastante adormecida hasta entonces. Pero de resultas de ir tanto el cántaro a la fuente, estalló la Revolución Rusa en 1917, en plena Guerra Mundial. Regresó a Rusia, pero viendo lo que se cocía allí, y que no tenía nada que ver con las premisas revolucionarias y comunistas, se puso a criticar a diestro y siniestro la dictadura bolchevique. Del viejo aristócrata de nacimiento que fue no quedaban ni las migajas. Murió en 1921 cuando intentaba formar un grupo político de inspiración anarquista en la Rusia soviética, desilusionado con una puesta en práctica errónea de las tesis comunistas. Y es que no podía ser de otra forma. ¡Ay, el hombre!

 
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