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Revista de Arqueologia

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PUENTE ROMANO DE EL BERRUECO

El puente romano de El Berrueco salva el arroyo Jábalos, a unos 300 m del puente moderno sobre el que pasa la carretera M-131 desde El Berrueco a Sieteiglesias (Comunidad de Madrid). En el Km 14 de esta vía, aparcar el vehículo y tomar el sendero que bordea el arroyo hasta encontrar el puente romano.

El puente romano sobre el arroyo Jábalos, en la localidad madrileña de El Berrueco es la obra más importante de El Berrueco. Su obra original está fechada en el siglo I a.C. y por él debió pasar la misma calzada que atravesaba la vieja Talamanca del Jarama, que se encaminaba hacia el norte para pasar el puerto de Somosierra. Consta de un solo ojo, y el tablero es plano y de anchura mayor a la de los puentes musulmanes, por lo que parece que en efecto, es de origen romano.

La frecuencia de paso que ha tenido que soportar el pequeño puente ha tenido que ser enorme, dado el tiempo que hace que se construyó.

Hacia el norte y el sur del puerto de Somosierra, el tránsito que soportó el puente, sobre todo desde finales del siglo XV a principios del XVII, fue enorme, por el creciente comercio que floreció en aquellos años. En las villas de Uceda y Buitrago tenían su centro un importante número de comerciantes judíos, quienes transportaban sus mercancías a lomos de mulas, animal muy resistente en materia de carga y transporte. Está documentado el hecho de que un judío huyó de la persecución de la Inquisición, tenía en propiedad más de 300 mulas, comerciaba directamente con portugueses, y hacia Portugal huyó desde la zona. El puente fue pieza fundamental en el desarrollo económico y la prosperidad de El Berrueco y las aldeas cercanas durante aquel siglo.

El Berrueco ya era una próspera población, exenta de pagar impuestos al Arzobispado de Toledo, antes de convertirse en villa de realengo en 1593.

Ya a finales del siglo XV, otras aldeas, también pertenecientes al duque de Uceda, pusieron pleito al Arzobispo de Toledo, protestando por esta prebenda a favor de El Berrueco, protesta desestimada por la autoridad competente. Posiblemente el privilegio de El Berrueco se debía a las especiales atenciones (no sabemos de qué tipo, pero seguramente tendrían algo que ver con lo carnal) de que gozaban los miembros del clero tras pasar el puerto de Somosierra, pues no en vano, El Berrueco era puerta de entrada al Arzobispado desde el norte. Los vecinos de las aldeas cercanas a El Berrueco, no contentas con la decisión de la jerarquía eclesiástica, dirigieron su atención hacia instancias superiores, representadas en la Real Chancillería de Valladolid, donde les informaron de que no eran competentes para resolver el pleito, por entrar dentro de jurisdicción eclesiástica.

Las aldeas mantuvieron la idea de que la exención de impuestos a El Berrueco no era justa, y alegaron que era "un pueblo en el que se vende mucho pan y mucho vino". Vamos, que tenían liquidez para pagar impuestos como todo quisque. Algo de envidia si que les corroía a estas buenas gentes. Al emplazarse en un lugar privilegiado de acceso, es más que probable, que dispusiese de bastantes mesones y tabernas que atendían las necesidades del viajero que venía desde el norte, pues se ubicaba en una importante vía que conectaba poblaciones de gran importancia al sur del puerto como Toledo y Madrid, pero también Alcalá de Henares, Uceda y Talamanca.

Finalmente, los vecinos de los berruecatos consiguieron sus objetivos, ya que, al pasar a la condición de Villa en 1593, el Rey reclamaba y hacía cobrar impuestos de sus nuevos súbditos directos. Al ser nombrada Villa se hubo de amojonar todo el término, y la Corona nombró un juez de comisión, para llevar a cabo los trámites y gestiones necesarios para el nombramiento de El Berrueco como villa. El privilegio otorgaba a los vecinos el derecho a nombrar alcaldes con jurisdicción civil y criminal, procuradores y demás cargos del concejo. Igualmente la Corona ordenó la instalación en su término de una horca y una picota. Esto significaba una total autonomía para poder llevar a cabo juicios y ejecuciones sin necesidad de depender de otra villa colindante. Este hecho, que suponía la independencia de la Tierra de Uceda, junto a algunas epidemias que asolaron la región, provocaron la despoblación de la villa en un 75%, y se abandonase la aldea adyacente de Valcamino unos 20 años después.

Con todos estos problemas que le acarreó su condición de villazgo, el concejo pidió permiso a la Corona para enajenar sus tierras y perder una jurisdicción que tanto había costado conseguir. Así, en 1613, El Berrueco volvió al redil del Ducado de Uceda.

Entretanto, el viejo puente sobre el arroyo Jábalos había sido mudo testigo de todos estos acontecimientos, un puente, que dicho sea de paso, está muy bien conservado y mantiene la arcada de buena factura a base de sillares cortados con maestría. Posiblemente el camino que pasa sobre el puente es de origen neolítico. Los estribos en los que se apoya el puente están construidos con mampostería, de obra más tosca, y que carece de la excelente factura del arco de medio punto.

 

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