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LOS MOLINOS DEL RÍO PERALES

Los molinos del río Perales forman parte de una ruta ecológica en las inmediaciones de la población de Navalagamella (Madrid).

Los molinos hariMecanismo de acción de un molino harineroneros que menudean en las riberas del río Perales formaban parte de la infraestructura de una actividad que utilizaba la energía del agua y que refleja la importancia económica de la zona en tiempos pretéritos.

Como el río Perales sólo tenía suficiente caudal para mover los molinos en las crecidas de invierno y el deshielo de primavera, el molinero el resto del año permanecía bastante ocioso.

Pero, ¿cómo funcionaba esta instalación hidráulica? Se construyeron los molinos sobre los cauces fluviales de manera que interceptaban el agua mediante una presa. El agua era conducida hasta el molino por un canal, denominado caz, que poseía la pendiente necesaria para que el agua cayese por gravedad, y ubicado paralelo al río, pero a mayor altura. Cuando el agua llegaba por el caz al molino, caía por el llamado cubo de presión, de forma cilíndrica, y construido con gruesos sillares.

Ahora que tenemos la fuerza necesaria para mover el molino, veamos cómo funcionaba. El mecanismo de rotación, formado por un rodezno o rueda hidráulica de madera, recibía el impulso proporcionado por la energía del agua al caer sobre sus palas, acción que se traduce en un movimiento rotatorio sobre un eje o viga que transmite la fuerza rotatoria a la muela superior o volandera. La materia prima se echaba sobre una tolva que se emplazaba en la parte superior de la muela, que con su movimiento giratorio iba transformando por trituración el grano en harina.

Por el Catastro de Ensenada, documentación fechada en 1750, sabemos que en Navalagamella, a orillas del río Perales había en funcionamiento 6 molinos de cubo, cuyo mecanismo básico he descrito más arriba. Por el mismo documento sabemos que a mediados del siglo XVIII, más de la tercera parte de la mano de obra artesanal e industrial se dedicaban al noble arte de la molinería. De estos molinos, 5 eran particulares y el restante pertenecía al Monasterio de El Escorial.

Posiblemente la aparente prosperidad de la que disfrutaban los que se dedicaban a tan fructífero negocio despertaría la envidia, los comentarios insidiosos, que dieron paso a un buen hatajo de refranes relacionados con el artesano molinero, pues la gente comenzó a pensar que los molineros se enriquecían con la maquila, quedándose con más grano del que legalmente les correspondía como pago. Ya lo dice dice el refranero: "Molinero y ladrón, dos cosas suenan y una son"; "molinero y no ladrón, sería caso de admiración". Cuando el río suena, agua lleva. Probablemente sea ésa la razón de que alguno de los molinos que hoy pueden verse paseando por el curso alto del Perales sea una ruina casi irreconocible.

Del denominado molino de Baltasar sólo queda el torreón de piedra o cubo, donde el agua se embalsaba y al salir a chorro por una pequeña compuerta en la parte inferior, ejercía la fuerza necesaria para mover la maquinaria.

Restos del cubo y del caz, que forma una especie de acueducto

 

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