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Revista de Arqueologia

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MOLINOS Y BATANES DE EL GRAJAL

Los molinos y batanes del Grajal se hallan en el término municipal de Colmenar Viejo, en la Comunidad de Madrid, construido sobre el curso alto del río Manzanares, junto a la carretera M-618, que enlaza Colmenar con Hoyo de Manzanares y Torrelodones. A partir del puente nuevo del Grajal, sale una vía del canal de Isabel II que bordea el río Manzanares que nos lleva durante un trayecto de 15 minutos a las ruinas de varios molinos de agua y batanes. Paseo muy agradable en un entorno muy llamativo, pero muy poco conocido.

Así pues, la senda que sigue el curso del río en dirección sur, muestra en su margen izquierda varios vestigios arqueológicos de molinos y batanes, algunos muy bien conservadas y fechados generalmente en el siglo XVIII, aunque datan por lo menos del siglo XVII.

Podemos observar los restos de cuatro molinos y un batán, en fase de restauración. Los molinos se dedicaban a moler cereales para obtener harina.

El primero de estos molinos, de tres metros de alto y 13 de largo, consta de una nave principal y de dos anexos, y su caz (el canal artificial por el que se tomaba y se conducía el agua) es el más monumental de todos los yacimientos descubiertos hasta ahora. La segunda estructura es un edificio cubierto con una bóveda de medio cañón que cumplía las funciones de molino y que está conectado con un batán.

Los batanes o pisones son estructuras en las que se asentaba una próspera industria de la piel y de la hilatura usando agua como fuerza motriz de la instalación. El batán es una máquina ideada para batanar o abatanar las telas, para golpearlas. Cuando se quería que los paños tuvieran una mayor resistencia o un mayor grosor, al salir del telar se les conducía a los batanes donde sufrían este proceso.

Las telas a tratar se colocaban en el interior del recipiente o imia bien doblados, en una longitud bien determinada (medida en varas, como se decía) y allí se remojaban durante todo el tiempo que duraba el golpeteo o abatanado. A lo largo de la operación se hacían algunas paradas para cambiar de posición los paños y que el desarrollo resultase uniforme. Los canales de agua hacían mover los mazos.

Una vez se secaban los paños, los destinados a mantas pasaban por la cardadora para sacar el pelo con la llamada percha de cardos. Esta operación se llamaba perchar.

Estas viejas instalaciones todavía son propiedad de las familias de sus primeros propietarios como titulares de los mismos. Se abandonaron no hace muchos años por el descenso del nivel del río como consecuencia de la creación del embalse de Manzanares.

En la campaña arqueológica de 2005, el arqueólogo Fernando Colmenarejo procedió a la rehabilitación de uno de los molinos. Se identificó el caz, gran cantidad de piedras de molino, algunas de ellas amortizadas, reutilizadas, en la propia construcción.

 

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