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Revista de Arqueologia

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LA ERMITA MOZÁRABE DE SANTA MARÍA DE VALCAMINO

Para llegar hasta esta curiosa localización, lo mejor es atravesar El Berrueco (Madrid) por la carretera M-131 en dirección Torrelaguna. Justamente antes de alcanzar la señal que indica el final de la población, sale una pista a la derecha en dirección oeste. La referencia que podemos utilizar es un cartel de "Prohibido verter escombros y basuras". Este camino se interna en el campo entre propiedades valladas. Continuarlo sin dejarlo durante media hora, y a la izquierda, adyacente a la vía, encontraremos los restos de la ermita mozárabe.


La ermita de Santa María de Valcamino (El Berrueco), se encuentra a pocos metros del despoblado de Valcamino, en los alrededores de la población madrileña de El Berrueco. La aldea de Valcamino se despobló a finales del siglo XVII sin razones aparentes, aunque parece que pudo deberse a diversas epidemias y a la situación fiscal de las poblaciones de la zona, que debía rendir tributo al ducado de Uceda.

Su construcción parece datar de época mozárabe o visigoda, con varias reformas. Hay ocasiones, quizás las más, en las que es difícil distinguir ambas etapas constructivas, ya que los cristianos que quedaron en territorio musulmán (los mozárabes) durante décadas y aún siglos continuaron edificando sus templos religiosos según los viejos cánones visigodos, hasta que irrumpió a través de los Pirineos, en pacífica invasión, el soplo de aire fresco que representó el esplendoroso Arte Románico, que paulatinamente, y según avanzaba la denominada Reconquista, progresó en paralelo junto a ella. Los primeros ejemplos de Románico peninsular los podemos admirar en las pequeñas iglesias de valles pirenaicos catalanes como Arán y Taüll.

Según los estudios realizados, Santa María pudo ser en sus orígenes un pequeño monasterio rural que atendía a los caminantes que atravesaban el puerto de Somosierra y recalaban en los parajes berruecatos.

El edificio principal, de planta rectangular, tiene ábside y nártex, ambos aparentemente de planta cuadrangular. El ábside, orientado hacia el este, está ocupado en gran parte de su pequeña superficie por una piedra aproximadamente cúbica, que señalaría posiblemente el altar, y el lugar donde se guardaban las reliquias. El altar está formado por piedras calizas, algo que sorprende, pues el material más cercano, y que constituye el paisaje circundante, es granito. Los bloques de caliza debieron trasladarse desde las tierras que rodean la actual Torrelaguna, muy ricas en este material. La planta está dividida en tres naves, la central de mayor anchura que las laterales, y separadas por gruesos muros de mampostería, aunque este hecho puede deberse a reformas posteriores a la erección original del edificio. Esto lo indico porque, en general, las naves de iglesias visigodas suelen estar separadas por columnas. Se accede a las naves laterales por sendas puertas abiertas en los muros de separación. Las piezas de mampostería están poco trabajadas. Durante el camino hacia los restos del complejo, pude contemplar como formaban parte de las vallas delimitantes de fincas, una serie de sillares bien cortados, que antes de su reutilización, pudieron muy bien formar parte de la fábrica de la vieja ermita, pero no deja de ser una hipótesis. Las naves laterales y el ábside, parecen ligeramente elevados sobre la nave central, y es posible que se accediese mediante un escalón.

Los restos de edificaciones exteriores a la ermita pudieron ser silos e incluso algún establo para guardar el ganado. Según un informe arqueológico realizado por la CAM a comienzos de la década de 2010, ha aparecido dentro del complejo tres tumbas, al menos hasta el momento: una interior y dos exteriores, al lado del altar. La inhumación interior, según pruebas de C14, corresponde a una mujer de unos 45 años fallecida en el siglo VII, de fuerte complexión física, con desgaste óseo seguramente debido a su dedicación a transportar muy frecuentemente pesadas cargas. En todo caso debió ser una persona muy apreciada en la zona, ya que tuvo le privilegio de ser enterrada en el interior del monasterio. Las otras dos tumbas corresponden a enterramientos infantiles.

En la liturgia cristiana primitiva era fundamental el sistema de canceles, que separaban las naves entre sí y el ábside oriental de la nave central, es decir, de la persona que impartía la misa y los feligreses, que no veían directamente al sacerdote, pero sí que podían escucharle. Los canceles estaban formados por piezas prismáticas verticales y horizontales que formaban las barroteras, las verticales decoradas. Sobre éstas se colocaban las placas del cancel, normalmente bajas y decoradas, y sobre las barroteras se superponía una estructura alta, cuyo aspecto ha sido documentado en los relieves tallados en los muros de los propios edificios. Esta estructura sostenía cortinas que impedían la visión del oficiante en algunos momentos de la ceremonia litúrgica.

Esta iglesia parece ser una iglesia de ábsides contrapuestos, al parecer de planta cuadrada, y sabemos por otros ejemplares de templos, que poseían dos altares, uno, el principal, el del ábside oriental, que es el que aparece señalado en Santa María de Valcamino, y otro secundario en el occidental, del que no tenemos noticia, que quizás no tenía carácter eucarístico, sino simplemente para efectuar ofrendas a santos o mártires de devoción local.

El yacimiento está parcialmente excavado y consolidado. Una pequeña placa puesta sin duda, por la Comunidad de Madrid, explica muy brevemente algunas de las características del lugar.

Circundando el edificio principal, podemos observar vestigios de un muro exterior de protección, algunos de ellos excavados. Los montículos que rodean el edificio principal parecen ocultar restos de muros e incluso de alguna dependencia exterior a la ermita. Ligeramente separada de la ermita por un paso, encontramos los cimientos de una estructura de planta cuadrangular, cuyo ángulo apunta hacia el muro oeste de la ermita. En el centro, hay un pequeño cubo formado por bloques graníticos perfectamente cortados y de época actual. Parece ser un pequeño monumento que represente el lugar donde se guardaban las reliquias en el ábside.

Adosado al ábside, y también de planta rectangular, podemos apreciar los restos de otro edificio con un acceso lateral a la izquierda, pero aparentemente sin acceso interior a la ermita. Puede que hiciese las veces de sacristía.

Existen más restos de edificios anejos al edificio principal pero que no están adosados a él. Son dependencias monásticas encajadas entre el muro exterior y la ermita. En la foto aérea del lugar, podemos distinguir el recinto amurallado, y los edificios del supuesto complejo monástico. Podemos contemplar por el suelo por todos lados, fragmentos de teja, que pueden ser restos de restauraciones posteriores a la factura original, antes de su definitivo abandono en el siglo XVII.

Mirando hacia el sureste podemos distinguir la silueta de la vieja atalaya hispanomusulmana de Torrepedrera.

 

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