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Revista de Arqueologia

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SANTA MARÍA DE MELQUE

La iglesia de Santa María de Melque (provincia de Toledo), junto a San Pedro de la Mata (también en Toledo) y Santa Comba de Bande (Orense) forman un grupo de iglesias conocidas entre los expertos como cruciformes puras, en función de su planta, y además poseen un esquema constructivo tan semejante que nos hace pensar en una verdadera escuela de arquitectura, quizás situada en el Aula Regia de Toledo, durante el período visigodo. El sistema constructivo en las tres edificaciones es similar en todo al romano, incluso la propia medida utilizada, aunque en este caso, el valor es ligeramente superior al romano, pues el cubitus es de 0,50 m en lugar del clásico 0,44 m romano.

Las dimensiones de este tipo de edificios se trazaron desde una retícula sencilla similar, tanto en planta como en alzado. Estas dimensiones están moduladas matemáticamente de manera proporcional y según razones fijas. Los arcos son siempre de herradura y las bóvedas de medio punto están peraltadas en la misma altura que el peralte de los arcos de herradura.

El sistema constructivo romano es adoptado por los visigodos para sus edificios sin apenas transformación, excepto la que obliga la propia evolución de los mismos. Este tipo de arquitectura que se da en Melque y sus "hermanas" parece ser el último eslabón de la cadena de la arquitectura hispanorromana. El sistema de unidades de medidas, proporcionales entre sí, permiten el aumento o disminución del plano-tipo al tamaño que requiera la necesidad concreta, manteniendo la base del modelo. Así, cada una de estas tres iglesias mantienen el mismo modelo, pero a diferente tamaño.

Este tipo de iglesias cruciformes puras están compuesto por un anteábside, crucero con cimborrio y ábside interior en arco de herradura, pero rectangular al exterior. A esta núcleo se le añadieron estancias auxiliares adosadas a ambos lados del ábside, que de este modo, resaltaba la cabecera. Forman parte de monasterios, situándose en el centro de los patios de estos conjuntos. El monasterio de Melque es un patio poligonal limitado por dos muros de fachada, paralelos y divididos por muretes transversales formando las diversas habitaciones.

Hasta hace pocos años, Melque fue considerada mozárabe, pero las excavaciones demostraron su cronología visigoda del siglo VII. En una segunda fase, posterior a la construcción de la iglesia, se añadió al oeste del edificio un pequeño recinto con nichos y cuyo objeto no se conoce en su totalidad. Se han propuesto algunas hipótesis. Podría tratarse de una especie de claustro o de un receptáculo de reliquias. Pero parece más probable, en función del diminuto espacio del recinto, así como su situación junto a la necrópolis de la comunidad monástcia, que fuese el osario del cenobio. Si aceptamos esta hipótesis, la supuesta necrópolis sería en realidad el pudridero de la comunidad. Una vez descarnados los cuerpos, los restos se ubicarían en los nichos de este recinto u "osario". Se seguía así la norma isidoriana que procuraba la unión de los monjes incluso después de la muerte. Fue una práctica funeraria muy común en los monasterios medievales y aún hoy se conserva en los monasterios meridionales de Alemania y en Austria.

El conjunto monástico de Melque fue fundado junto a una importante vía de comunicación, que posteriormente devino en gran cañada medieval. Ocupaba una superficie de 25 ha y se rodeaba de una cerca que delimitaba las dependencias monásticas. Dentro de este espacio se construyó un sistema de terrazas con cultivos para mantener a la comunidad de monjes. La iglesia de Melque se construyó con sillares irregulares de granito sobre una ligera elevación en el centro del recinto, y es claramente el referente del complejo. En los alrededores del recinto he identificado restos de presas que quizás pertenecieron a una villa romana, cuyos elementos constructivos fueron reutilizados en la construcción del nuevo edificio.

Como en todas las iglesias visigodas, en Santa María de Melque tenía lugar una compleja liturgia que tiene su correlación en el espacio sagrado. Así, se aislaba el santuario del resto del templo, que se constituía en total de tres partes: santuario, coro y naves de los fieles, y en cada una de ellas se aeentaba un protagonista diferente: el sacerdote oficiante, los clérigos y los laicos, respectivamente.

La liturgia visigoda de la época que estamos tratando (el siglo VII) se basaba en el carácter mistérico de la eucaristía, y por esta razón, se aislaban los espacios considerados sagrados. El santuario se separaba del coro por canceles y cortinas, y éste a su vez, se separaba de la nave de los fieles. Dentro del santuario, el elemento principal era el altar o mesa eucarística. La decoración del pie del altar era el punto o motivo central de la iconografía de la iglesia y tanto uno como otra se decoraban con motivos sacados del Apocalipsis de San Juan: cruz o crismón con alfa y omega y/o árboles de la vida. En Melque existen restos de mobiliario litúrgico que prueban esa jerarquización de espacios y de esa decoración que marcaba un recorrido simbólico: huellas de canceles y cortinajes, barrotera de cancel, pie de altar decorado con cruces, etc. La iglesia de Melque contó con una rica decoración de estuco, no demasiado habitual en los edificios visigodos, pero sí en el Oriente bizantino (y posteriormente en las obras arquitectónicas musulmanas), lo que parece señalar que intervinieron en la construcción del templo artesanos muy familiarizados con la tradición artística bizantina, si es que no eran propiamente artesanos bizantinos. El empleo de estuco está relacionado con construcciones excepcionales, lo que refuerza la tesis de que el personaje enterrado en Melque era de categoría principal. Las molduras y arcos, junto con los altares, canceles y cortinas proporcionaron al interior de la iglesia una presencia magnífica, muy diferente a la austeridad que invade en la actualidad dicho espacio. El templo debió contar también con otros tipos de ornamentación, como lámparas y vasos sagrados, cortinajes y telas litúrgicas, pero también con coronas votivas como las que incluye el famoso tesoro toledano de Guarrazar.

Santa María de Melque es a la vez la iglesia de un monasterio y panteón de algún gran personaje visigodo. El templo del complejo no es en modo alguno un simple edificio que servía de lugar de enterramiento para cualquier prócer de la zona, sino que gira en torno a la sepultura inmersa en la fábrica y que forma parte del edificio. Esta sepultura a la que me refiero se encontraba bajo un arco alojado en el muro meridional del brazo de la cruz de la planta, y seguramente se reutilizó para el sepulcro algún sarcófago paleocristiano, algo que le chiflaba a la rancia aristocracia hispanovisigoda. Por todo ello, es muy probable que el monasterio fuese fundado por algún ilustre personaje de la corte palatina o incluso de la familia real visigoda, precisamente aquél que fue aquí inhumado. De hecho, el propio nombre de Melque deriva de un topónimo árabe, "Balatabdelmelic", que significa algo así como "Palacio del servidor del rey". Este noble anónimo (por el momento) pudo ser un tal Nicolao, noble godo al que el poeta de la corte de los reyes Chindasvinto y su hijo Recesvinto, San Eugenio, dedicó varias composiciones poéticas y del que sabemos que su hijo Evantio dedicó una gran construcción funeraria, que puede ser precisamente Melque.

Tras la invasión musulmana de 711, los monjes de Melque continuaron durante años su vida monástica, aunque adaptados a una nueva realidad sociopolítica. Durante todo el siglo VIII, toda la zona estuvo sometida a una gran inestabilidad que obligó a sus moradores a levantar una muralla defensiva. Finalmente en una fecha indeterminada, pero que suponemos a fines de este siglo o comienzos del IX, decidieron abandonar el monasterio en alguno de los momentos de mayor presión islámica contra la comunidad mozárabe, refugiándose en el norte cristiano, como tantos otros eclesiásticos que procedieron a elaborar una ideología coherente con el pasado visigodo al naciente reino asturleonés.

Tras una breve etapa de abandono, Melque se reutilizó como alquería musulmana, surgiendo un poblado agropecuario alrededor del antiguo monasterio visigodo. La antigua iglesia fue reconvertida en una fortaleza que controlaba las vías de comunicación entre Toledo y Córdoba. Podemos ver vestigios de esta conversión. pues los muros del cimborrio fueron elevados, convirtiendo la estructura en una torre de vigilancia fortificada. También se cree que la iglesia pudo ser reutiilizada como mezquita, como tantas otras, pues es posible que el arcosolio donde se ubicó la sepultura del noble visigodo fuese convertido en mihrab y dado el uso que se le dio a una pileta como pila de abluciones.

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