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Revista de Arqueologia

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ZONA ARQUEOLÓGICA DE LA CABRERA

La Cabrera es una localidad al norte de la Comunidad de Madrid, a unos 50 km de la capital por la A-1.

Para acceder a las necrópolis de la Tumba del Moro, tomar en La Cabrera la carretera que va a Valdemanco, en la rotonda próxima a la gasolinera y recorrer 1,900 km hasta su ubicación.

Para acceder al poblado del cerro de La Cabeza, llegar hasta el convento de San Antonio, ocupado desde 2004 nuevamente, después de muchos años de vicisitudes, por una comunidad de monjes franciscanos. Desde aquí continuar el sendero GR-10 hasta que aproximadamente a 1 km, encontramos una veredita que sale hacia la izquierda, y señalada por un hito. Esta senda, marcada con hitos, nos lleva directamente hacia el Cerro de la Cabeza en unos 20 minutos. Desde el cerro se domina la dehesa de Roblellano, adyacente a población de La Cabrera.

La erosión del macizo granítico ha dado origen al espectacular cordal conociTumba antropomorfa de la Tumba del Morodo como Sierra de la Cabrera, caracterizado por un punzante perfil dentado, y que antecede a las sierras de Somosierra y Guadarrama. La principal cumbre es el Pico de la Miel (1392 m), que destaca en el extremo norte y que domina la autovía A-1 en ese punto. La sierra de La Cabrera incluye también otros picachos como el Cancho Gordo, el collado del Altrecho, y el cerro de la Cabeza. Forma la serranía un perfil severo, escaso de vegetación y agua, a cuyos pies se extienden las poblaciones de La Cabrera y Valdemanco.

El magnífico paisaje serrano no debió ser ajeno a la elección del emplazamiento para la fundación del convento de San Antonio, en el siglo XI. Cuando Alfonso VI llevó la frontera castellana hacia el sur, ocupando Toledo, los pastores segovianos repoblaron esta región con gentes de religión cristiana y economía ganadera. Con ellos traían sus rebaños de cabras. Fueron ellos quienes le dieron el nombre al lugar con el que actualmente se conoce.

Los yacimientos arqueológicos que a continuación describo someramente demuestran la presencia más o menos estable de comunidades humanas en La Cabrera desde tiempos pretéritos.

Patrimonio declaró en 1989 el municipio de La Cabrera como Bien de Interés Cultural, en la categoría de "Zona Arqueológica", y dentro de ella, cuatro modelos históricos de poblamiento, de los que el correspondiente al convento medieval de San Antonio no se trata aquí, por tener entidad propia como localización histórica.

Los otros tres son los siguientes:

  1. Cancho Gordo : es la cota más alta del entorno serrano de La Cabrera y en él se ubica un asentamiento cuya cronología data del período del Bronce Pleno.
  2. Hoya de la Cabeza : es un asentamiento situado en el Cerro de la Cabeza, y desde su posición se domina la dehesa de Roblellano. Posiblemente el yacimiento, que no ha sido excavado en profundidad y es de difícil interpretación, corresponda al período protohistórico de la Edad del Hierro, posiblemente a la etapa carpetana. El poblado tiene dos partes diferenciadas: una superior y otra inferior. En la zona superior, a los pies del cancho que forma la cima del CeVista del estrato superior del casto del Cerro de la Cabezarro de la Cabeza, podemos observar una posible vivienda de planta rectangular. En este punto, dominamos la Sierra de la Cabrera, y a media ladera, el Convento de San Antonio en la lejanía. Encontramos más vestigios de viviendas, reducidos a simples ruinas de montones de piedras, aparentemente de planta circular. Es manifiesta la falta de urbanismo. No se detecta la existencia de calles, y entre las supuestas viviendas se definen grandes espacios libres, característico de los castros en altura fortificados, y que se asientan sobre terreno granítico. A pesar de una posible filiación carpetana, no tiene nada que ver el urbanismo tosco del Cerro de la Cabeza con poblados de la Edad del Hierro excavados más al sur de Madrid, en terreno yesífero, como el Cerro de la Gavia, donde una calle central articula un incipiente espacio urbano compuesto por una serie de manzanas de casas de planta claramente rectangular. Hemos encontrado restos de cerámica en fragmentos de tamaño mediano, cerca de las viviendas de la parte superior del castro. En el resto del espacio encontramos numerosos fragmentos cerámicos de pequeño tamaño, sobre todo en el camino que da acceso entre uno y otro estrato.Los restos alfareros pueden pertenecer a la vajilla o a los contenedores de almacén que utilizaron en su día los habitantes del castro. En el piso inferior del asentamiento, de nuevo observamos más restos de posibles viviendas derruidas, aparentemente de planta circular, lo que no significa que lo fuesen en su origen. Más bien me inclino a pensar que la planta del espacio doméstico fuese rectangular, más acorde con lugares cercanos, como el asentamiento carpetano-romano de la Dehesa de La Oliva, en la sierra de Patones, al otro lado de la A-1. Al sureste del poblado, y protegiendo su entrada, podemos comprobar la existencia de ruinas que parecen haber formado antaño una muralla de pequeña altura, que rodearía el espacio doméstico que configuran las casas derruidas. Desde este punto se domina también la Dehesa de Roblellano. La disposición espacial del poblado, lo podemos observar, si nos sumergimos en un fuerte ejercicio de abstracción, ascendiendo a cualquier promontorio o canchal de los múltiples que rodean el supuesto emplazamiento carpetano o protocarpetano. Posiblemente este emplazamiento fuese posteriormente reutilizado en época visigoda, lo que podría encajar perfectamente con la existencia a los pies del Cerro de la necrópolis de la Tumba del Moro. No obstante, esta idea no deja de ser una hipótesis.
  3. Tumba del Moro : necrópolis posiblemente paleocristiana en el sureste del Cerro de la Cabeza, y a sus pies. Y decimos posiblemente paleocristiana por su similitud con otros enterramientos cercanos documentados en la región, como el yacimiento de Sieteiglesias, a escasos 10 Km. En la necrópolis encontramos varias tumbas simples, delimitadas por lajas de piedra hincadas, siendo la más llamativa una tumba antropomorfa tallada directamente sobre un afloramiento granítico, de los múltiples que encontramos en la zona.

 

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