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TALAVERA LA VIEJA: LA AUGUSTOBRIGA ROMANA

Talavera la Vieja ha sido y es conocida principalmente por dos motivos; por su evidente importancia en época hispanorromana, reflejada en los restos y monumentos que se conservaban en dicha villa, y la segunda es su triste final bajo las aguas del pantano de Valdecañas. El redescubrimiento de Talavera la Vieja como la Augustobriga romana se produce en los siglos XVIII y XIX, gracias a la labor de hombres de ciencia que empezaron a estudiar los restos romanos de Talavera la Vieja para descifrar las claves de su pasado. Así pues, la publicación de los trabajos de los siglos XVIII y XIX dieron a conocer las ruinas existentes en Talavera la Vieja, pueblo que se beneficiaría de dichas ruinas de modo directo. Algunos autores de la época, entre ellos Pascual Madoz, llegaron a identificarla erróneamente con la Ebura carpetana. En todos los grabados que se hicieron durante el siglo XIX, aparece en lugar preeminente las imponentes ruinas del templo de "Los Mármoles". El resurgimiento real de Augustobriga vendrá dado por la epigrafía, puesto que en 1887 se produce un hallazgo casual en la muralla de Talavera la Vieja. Se trata de una inscripción marmórea dedicada al senado y al pueblo augustobrigense. Con este hallazgo fundamental se resuelve de una vez por todas el problema del origen de las ruinas de Talavera la Vieja: es la Augustobriga romana.

Talavera la Vieja fue una próspera población incluido en el ducado de Peñaranda desde 1457. Desde 1833 pasó a depender del Partido Judicial de Navalmoral de la Mata, y a mediados del siglo XIX tenía casi 700 habitantes. En 1963 el pueblo fue derruido e inundado por las aguas del pantano de Valdecañas. Previamente se realizaron algunas excavaciones de urgencia. para salvar los vestigios romanos. Parte de sus vecinos se instalaron en el pueblo de colonización de Rosalejo (que posee el rollo jurisdiccional de Talavera la Vieja) o en otras poblaciones cercanas. Otros dejaron la región.

Augustóbriga fue un municipio situado en el extremo nororiental de la provincia romana de la Lusitania, construida junto al río Tajo en un solar que ya fue ocupado en tiempos anteriores a la dominaciòn romana. El asentamiento prerromano más importante fue un poblado de época orientalizante, con cronología entre los siglos VII y V a.C. El sufijo -briga es la prueba fehaciente del origen prerromano, aunque las autoridades romanas procuraron romanizar con esta ciudad una región muy alejada de la capital lusitana, Emerita Augusta (actual Mérida), en la vía que unía esta última con la Toletum carpetana. Si bien en su origen fue una ciudad estipendiaria (tributaria no privilegiada), según aparece en los textos de Plinio el Viejo (siglo I d.C.), en época de Vespasiano alcanzó el rango de municipio con derecho latino. Ptolomeo (siglo II d.C.) incluye Augustóbriga entre las ciudades vettonas.

Augustóbriga tuvo el característico urbanismo ortogonal romano, en donde las calles principales, el cardo y el decumano confluían en el foro. Además estuvo amurallada. De los espacios domésticos sólo se excavó una casa con peristilo. La ciudad contaba con una conducción hidraúlica, depósitos y fuentes naturales como abastecimiento de aguas. La necrópolis estaba fuera de las murallas y flanqueaba las principales vías de acceso a la localidad.

El foro de Augustóbriga era de planta rectangular y estaba rodeado por un pórtico incluyendo un conjunto de templos de los que han quedado restos de dos de ellos, el templo de "Los Mármoles" y el de "La Cilla". El primero, de planta rectangular, mide 20,40x11,55 m y se asienta sobre un podio de bloques de granito. El frente del templo conserva cuatro columnas centrales y dos laterales, asentadas sobre un zócalo de granito, que se interrumpe en el vano de acceso. Las columnas son de orden corintio muy esquematizado, muy poco trabajado. En su momento inicial, las columnas estuvieron recubiertas de estuco y pintadas de brillantes colores. En la parte superior de la pronaos presenta un arquitrabe liso sobre el que se apoya una cornisa que sirve de apoyo a un arco de medio punto que corona el frontón, como podemos ver en la imagen.

El templo de la Cilla se denomina así porque se utilizó como almacén de granos en sus últimas fases. De su estructura original antes de ser anegado el pueblo bajo las aguas del pantano sólo pudieron trasladarse algunas columnas al lugar donde permanecen en la actualidad. Ambos templos fueron declarados Monumentos Histórico-Artísticos en 1931, y por ello, trasladados a su emplazamiento actual.

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