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Revista de Arqueologia

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ALARCOS MEDIEVAL

El cerro de Alarcos constituye en la actualidad uno de los conjuntos arqueológicos más espectaculares de Castilla-La Mancha, por su extensión y por la importancia de sus restos ibéricos y medievales.

En época medieval fue una ciudad fortificada capital de la región sur de Toledo. Tras ser destruida en la batalla de Alarcos el 18 de julio de 1195, los supervivientes fueron trasladados a una aldea próxima llamada Pozo Seco de Don Gil, refundada como Villa Real en 1255 por orden de Alfonso X el SCastillo de Alarcosabio. Cuando más tarde se le otorgó el título de ciudad, pasó a llamarse Ciudad Real.

Durante la Edad media, Alarcos llegó a tener una extensión de 33 ha, y rodeada por una gruesa muralla de tres metros de espesor. Sus esquinas se reforzaron con sillares. Tras el abandono forzoso de Alarcos, el material fue reutilizado en Villa Real para la construcción de edificios públicos.

Alarcos se encontraba en proceso de construcción en los años inmediatamente anteriores a 1195. Sólo ha sido desenterrada una pequeña parte de la ciudad medieval, desde el comienzo de las excavaciones en 1984, el perímetro exterior del castillo y gran parte de la muralla medieval, donde se ha encontrado una fosa común con restos de la batalla que enfrentó a musulmanes almohades y cristianos. Tras el desastre cristiano, los musulmanes aprovecharon algunas trincheras abiertas por los operarios cristianos encargados de la fortificación del lugar para arrojar en ellas los despojos de la batalla, incluyendo caballos y caballeros castellanos con parte de su armamento, haciendo de este lugar uno de los testimonios de batallas medievales más excepcionales de cuantos se han encontrado en Europa.

Como consecuencia de la derrota cristiana, las fronteras volvieron al Tajo, oponiendo los musulmanes un frente homogéneo desde Portugal a Cataluña, a lo largo del Tajo, el Guadiana y el Ebro. Pero no sería por mucho tiempo, pues durante el reinado del mismo rey castellano que fracasó en Alarcos, los cristianos abrieron en la Navas de Tolosa la llave de Andalucía.

Conquistada previamente por Alfonso VII, con Alfonso VIII se hizo una importante reforma, y en ésas estaban cuando aparecieron los almohades y tras derrotar al propio Alfonso VIII, truncaron las obras. Con la victoria almohade, se produce una segunda fase de ocupación musulmana hasta 1212, cuando el propio Alfonso VIII recupere la fortaleza en su ruta hacia Andalucía.

Alfonso VIII proyectó la ciudad como la nueva sede de la monarquía castellana, y los restos de sus fortificaciones del siglo XII certifican la importancia que el monarca castellano concedió a este asentamiento, punta de lanza de su expansión sobre el imperio almohade.

El castillo de Alarcos es un edificio de planta rectangular con siete torres de planta cuadrada y dos pentagonales. Está protegido por una zarpa o pared ataludada y varios Ermita de Alarcosantemuros que crean lizas para vigilar. Tras la conquista almohade después de la batalla se readaptó el espacio interior del castillo, articulado en torno a calles enlosadas que se abren a dependencias de diferente funcionalidad: alcobas, cocinas, fragua, letrina, etc. A todas ellas, se accede desde un patio que también se encuentra enlosado.

La ermita de Nuestra Señora de Alarcos, se ubica en el extremo nordeste del cerro, y se accede a ella por una abertura practicada en la muralla medieval. Su planta es de cruz latina y está dividida en tres naves de altura desigual, que disponen de una techumbre de madera que sustituyó el artesonado medieval original del que quedan algunos restos en las capillas del crucero. La Ermita de Alarcos tiene tres puertas. Las de occidente y sur son apuntadas y de sillería mientras que la norte es de ladrillo con arco rebajado. La fachada occidental es de gran belleza, pues dispone de un gran rosetón con tracería formada por diecinueve estrellas lobuladas.

 

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