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Revista de Historia Antigua

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EL FIN DE YUGURTA

No voy a contar todo el desarrollo de la llamada Guerra de Yugurta, sino solamente el desenlace y un breve comentario sobre la figura de este señor.

La Guerra de Yugurta, que tuvo lugar entre los años 111 y 104 a. C., enfrentó a Roma contra el rey Yugurta de Numidia, reino ubicado en la actual costa argelina cercana a Cartago, y que supuso la pacificación por parte de Roma del norte de África.

La voluntad del rey númida Micipsa era que su reino fuese compartido por sus dos hijos, Adherbal y Hiempsal, y su sobrino e hijo adoptivo, Yugurta. Todos ellos tenían sangre cartaginesa en sus venas. Obviamente, dado como es el ser humano, lo que pretendía el viejo rey era harto difícil. Yugurta era una pieza de cuidado, un corrupto que aceptaba y concedía sobornos a diestro y siniestro, era un hombre despiadado y sin escrúpulos, capaz de llegar al asesinato y la traición para conseguir sus fines. Algo de genético debía tener su personalidad, pero puede que el contacto con los romanos acentuase alguno de sus rasgos. Yugurta acometió, como legado, a las órdenes de Publio Cornelio Escipión Emiliano en 133 a.C. la campaña final de Numancia, en Hispania, y fue compañero de armas de alguien que acabó después con él, el siete veces cónsul Cayo Mario, itálico de Arpinum.

El caso es que en cuanto Micipsa cerró definitivamente el ojo, Yugurta ordenó el asesinato de sus hermanos adoptivos, aunque el tiro le salió medio por la culata, ya que Hiempsal fue asesinado pero Adherbal pudo huir a Roma, donde solicitó ayuda para enfrentarse a Yugurta. Roma medió en el conflicto y en el año 116 a. C. se dividió el reino númida entre los dos hermanos, quedándose el astuto Yugurta con las regiones más ricas del reino, previo soborno a los emisarios romanos que se iban a encargar de poner un poco de orden.

Pero Yugurta no podía parar quieto sin traicionar ni conspirar. Pocos años después del tratado con su hermano, le atacó y sitió en Cirta, capital del reino de Adherbal. De nuevo los romanos enviaron una comisión de paz, y de nuevo Yugurta los sobornó, logrando en este caso ocupar la ciudad y ejecutar a su hermano. Por fin había terminado con la disputa familiar. Pero cometió un fallo funesto: entre los ejecutados en Cirta, había ciudadanos romanos e itálicos que ayudaban a Adherbal, y eso fue el principio de su fin, ya que el Senado de Roma no pasó por ahí, y declaró la guerra al rey númida en 111 a.C.

Después de varias acciones militares, sobornos y victorias de los númidas, el Senado (y el pueblo) de Roma se tomaron la guerra en serio y decidieron enviar a comandantes capaces. Quinto Cecilio Metelo Numídico era el comandante en jefe, en calidad de cónsul, militar muy capaz, pero con el defectillo de ser un noble patricio que no podía entender como un palurdo, un hombre nuevo como Cayo Mario era su segundo de a bordo, y no un aristócrata como mandaba la tradición. Y además, un palurdo itálico que ambicionaba el mando absoluto de la campaña contra su viejo camarada de armas. Cayo Mario logró el mando supremo en 107 a.C., después de ganar con subterfugios y estratagemas no del todo limpias (Yugurta no era el único que sobornaba: para los romanos era el pan nuestro de cada día), Mario fue elegido cónsul y se dispuso a enfrentarse a Yugurta, quien, entre tanto, se había unido a su suegro Boco I de Mauretania (más o menos, el Marruecos actual).

A Mario le costó tres años vencer al númida, puesto que no fue en ningún momento presa fácil. Con mucha paciencia, y elegido cónsul, devastó el territorio enemigo, y avanzó muy lentamente hacia el oeste, hasta los confines del reino númida con Mauritania, donde el escurridizo Yugurta iba siendo acorralado. Bocco rompió la frágil neutralidad conseguida por los romanos y junto con su yerno atacaron a Mario y sus tropas en retirada hacia los cuarteles de invierno. En esos momentos emergió la valiosa figura del cuestor de Mario, el patricio Lucio Cornelio Sila (que en ese momento carecía de experiencia militar, pero que se destapó como un guerrero formidable y que posteriormente fue dictador), quien logró deshacer con paciencia y astucia la coalición de los dos reyes africanos, reanudando el contacto amistoso con Bocco.

EnLucio Cornelio Sila 105 a.C., finalmente el astuto cuestor logró convencer al rey mauritano para que atrajera a una trampa a su yerno, que cayó así finalmente en manos de Mario. Yugurta probó por fin de su propia medicina, siendo traicionado por su suegro. Al final entre Mario y Sila lograron desactivar el conflicto de Yugurta. Más adelante Sila afirmó que el mérito de la captura de Yugurta había sido suyo exclusivamente, algo difícil de creer, cuando Mario tenía sobrada experiencia y se le conocía como el Zorro de Arpinum por sus dotes estratégicas. Pero en ese momento, la mayor parte de los honores por la captura de su viejo compañero de armas delante de los muros numantinos, correspondió a Cayo Mario.

¿Y qué fue de Yugurta? Pues capturado mediante la traición de su suegro mauretano que acabamos de relatar, fue llevado a Roma, y después de una exhibición pública en el triunfo de Mario, estrangulado en el Tullianum, la famosa cárcel ubicada en el Foro Romano. Posiblemente Mario, en recuerdo a su antigua amistad concedió un gran banquete de despedida al rey númida la noche antes de la ejecución.

 


 
 
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