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Revista de Historia Antigua

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EL VINO DE FALERNO

Hoy día el vino de Falerno nace en las colinas bien orientadas de la provincia de Caserta a lo largo de 65 hectáreas.

El Falerno fue el vino más famoso de la antigüedad, incluso se ha dicho que fue el primer vino con denominación de origen del mundo. Los romanos conservaron ánforas con la inscripción en unas chapas (pittacium) del origen y añada del vino. Se vendía en todo el mundo y su prestigio era grande, aquellas ánforas se revendían desde Bretaña hasta España y desde Cartago hasta Alejandría en Egipto. Fue el vino que ofreció Cleopatra a César después de la victoria. Su origen siempre fue incierto aunque se situó en las laderas del Monte Massico.

Los textos y alusiones literarias clásicas sobre el vino de Falerno son muy abundantes.

Uno de los primeros tratados de viticultura del mundo occidental, el libro segundo de las Geórgicas de Virgilio (verso 96) ya nos habla de sus bodegas y uno de sus comentaristas antiguos, Servio, nos cuenta que "el monte Falerno pertenece a la Campania y en él se dan unos vinos óptimos". Campania es una tierra volcánica, asociada a vinos de calidad. A las faldas del Vesubio se producía el más famoso vino de la antigüedad romana, el «divino Falerno», base de la bodega aristocrática romana.

Petronio, en el Satiricon, describe en un pasaje de la obra como se consideraba en aquellos tiempos al Falerno uno de los mejores vinos, de calidad indiscutible. Horacio (64 a 7, a de C), en su Oda II, libro 2, habla de las bondades de los vinos de Falerno. Estrabón (60 a. de C. a 7 d. Esclavos sirviendo vinode C.) sostiene que el vino de Falerno cuando está mejor es cuando tiene una vejez de diez años. Julio César, quien seguramente fue un enófilo consumado, manifestaba su preferencia por el vino de Falerno añejado cien años en esos envases.

Marcial decía que "hacer y mezclar bien el mulsum (mezcla de vino con agua y miel) era complicado, no servía cualquiera ni la miel de cualquier sitio. Por ejemplo, la miel de la zona de Ática, donde está Atenas, no es buena, porque estropea el vino de Falerno. Este vino sólo lo puede mezclar el copero de los dioses, Ganimedes".

Lucano, en su poema épico "Farsalia", escribe "indomitum Meroe cogens spumare Falernum", cuya traducción revela que "el indómito Falerno se convierte en espumoso mezclándolo con la Meroe", que es una vid originaria de Etiopía.

El vino, incluido el Falerno, se consumía habitualmente mezclado con agua en Grecia y Roma, pero en distintas proporciones, a veces mitad y mitad y otras dos partes de uno (vino o agua) por una del otro. Clemente de Alejandría en "El Pedagogo" recomendaba beberlo con la mayor cantidad de agua; por otra parte, el beber vino puro era propio de los pueblos bárbaros, cuando se pedía sin mezcla de agua se solía exigir: "Sirve a lo escita". A veces se endulzaba con miel, le agregaban vino de Quíos y variadas especias.

En agosto de 2009, dos ánforas del siglo I antes de Cristo que solían usarse en esa época para traer el apreciado vino Falerno a la Península Ibérica se descubrieron en las inmediaciones del puerto de Denia, en Alicante. Son dos ánforas desprovistas del borde, cuello y asas, que transportaron vino itálico de calidad notoria, que abastecía a ciudades y asentamientos ibéricos del Levante peninsular ya en época tardo-republicana. Se cree que las ánforas pueden proceder de la región italiana de Campania, en la zona del golfo de Nápoles, y ambas son del tipo Dressel 1B.

Se comerciaba convino de Falerno en el Báltico, donde se intercambiaba por ámbar. En el puerto de Estocolmo se han encontrado ánforas con vino de falerno.


 
 
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