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Revista de Historia Antigua

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El último emperador

 
 

EL ÚLTIMO EMPERADOR

Más o menos todo el mundo, o al menos, la gente a la que le interesa un poco la Historia, conoce que el fin del imperio romano de Occidente se produjo en el año 476 d.C.

El hecho se produjo cuando un general bárbaro al servicio de Roma, de nombre Odoacro, que era quien pinchaba el bacalao en aquella época en la corte de Rávena, despojó de las insignias imperiales al último emperador, y tuvo a bien enviárselas al emperador romano de Oriente, Zenón, que debió frotarse las manos, pues acababa con la molestra competencia imperial de un plumazo.

El último emperador romano de Occidente, depuesto por Odoacro, había sido nombrado titular de la dignidad imperial el 31 de agosto del año 475 d.C. Se trataba de un niño de unos 13-15 años, hijo de Orestes, hombre fuerte del régimen que había depuesto a su vez al anterior emperador occidental Julio Nepote, que salió por patas de Ravena y se largó a sus dominios de Salona, en Dalmacia (actual Croacia).

Orestes, claro está, asumió el poder en nombre de su hijo menor de edad durante el tiempo que tardó Odoacro en acabar con su reinado (10 meses escasos), pero desconocemos la razón por la que Orestes no se hizo nombrar él mismo emperador de Roma. Nepote, infructuosamente, continuó reclamando el trono perdido, pero evidentemente, nadie en Ravena movió un dedo por él, aunque hubiese sido elegido por quien realmente movía los hilos de la política occidental, el propio emperador de Oriente.

Pero, ¿qué sabemos del último emperador romano occidental? Pues poca cosa. Su figura, la de un niño, aparece difuminada entre la de su padre Orestes y Odoacro, quienes, en el fondo no pasaban de ser dos aventureros, eso sí, de alto standing. Mientras sirvió a los intereses de uno y otro, Rómulo Augusto (así se llamaba este último emperador) permaneció en el trono. Cuando Odoacro se cansó, o racibió alguna sugerencia al respecto desde Constantinopla, Odoacro se encargó de acabar con la farsa.

Parece que el nombre de este personaje, Rómulo, le fue impuesto por nacimiento en recuerdo de su abuelo materno, el conde Rómulo, que había sido embajador del general Aecio ante el rey de los hunos Atila. El nombre de Augusto debió recibirlo al ser entronizado, y debido a su corta edad, las malas lenguas lo mutaron en "Augústulo", el pequeño Augusto. Pero no podemos dejar de fijarnos en que las dos partes de su nombre evocaban a sendos fundadores: el de la primitiva Roma (Rómulo) y el del imperio (Augusto). Una especie de renovador del imperio. En diez meses, el supuesto sueño se acabó. A nadie le importó, puesto que su ascenso al trono había sido una usurpación provocada por su padre Orestes, ya que el emperador legítimo continuaba siendo el exiliado Julio Nepote.

El padre del emperador, Orestes, fue asesinado a instancias de Odoacro, dejando al pobre Rómulo más indefenso que un cervatillo ante una jauría de lobos, pero parece que Odoacro, el asesino, quizás en función de su corta edad, se apiadó de él y tan solo le despojó de su dignidad imperial. Si le hubiese matado, a nadie le hubiese extrañado. Pero el caso es que el general bárbaro le conservó con vida y le envió a una hacienda imperial cercana a Nápoles, preso en una jaula de oro. Según algunas fuentes, Rómulo no fue efectivamente depuesto del trono imperial, sino sutilmente invitado a abdicar.

En su exilio dorado napolitano, Rómulo Augústulo recibió una asignación anual de 6000 sólidos de oro, algo que no estaba nada mal para un exiliado, cantidad de la cual también vivían su madre y un hermano. Tras su "encierro" en el castellum Lucullanum de la bahía de Nápoles, se le pierde la pista al joven, al menos de momento, ya que entre brumas reaparece 34 años más tarde. Su nombre aparece en un documento del año 510 (aunque también es posible que no fuese él, todo apunta a que sí), una carta recogida por Casiodoro en su obra Cartas diversas. Según aparece en dicha carta, el rey ostrogodo Teodorico, que dominaba Italia, confirma la validez de una antigua concesión (territorial y monetaria)a nombre de una persona llamada Rómulo, realizada por su ministro Liberio, un antiguo colaborador de Odoacro. La concesión estaba relacionada con la renta anual otorgada al joven y a su madre en el lejano año de 476. La pensión de este personaje quedaba así asegurada por el nuevo hombre fuerte de la política italiana, Teodorico. Es posible que enla misma hacienda de Rómulo se fundase un monasterio, que acogió los huesos de un santo que tuvo algo que ver con Orestes y Odoacro, San Severino. Así pues, los fondos confirmados a instancias de Teodorico al personaje de marras, pudieron estar relacionados con la fundación de ese monasterio. Posiblemente la madre de Rómulo invitó a los discípulos de San Severino de Nórico a traer los restos del santo a su hacienda, donde a tal efecto se fundaría un monasterio para acogerlos, según Edward Gibbon.

En la película La última Legión (2007), se da una versión un tanto fantasiosa del paradero de Rómulo, pues los guionistas, siguiendo la novela de Valerio Massimo Manfredi, asimilan al exiliado, esta vez en Britania, con Uter Pendragon, el padre del mismísimo rey Arturo.

 

 
 
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