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Revista de Historia Antigua

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La falcata ibérica
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Cicerón versus Publio Clodio
El origen de la escritura
El fin de Yugurta
El último emperador

 
 

LOS SOLDURIOS

El término soldurio se aplica a aquellos guerreros mercenarios que, poniendo a un dios como testigo, entregaban su vida al servicio de un señor. Característicos del mundo celta, aunque también del área íbera -la devotio ibérica-, los soldurios eran mucho más que mercenarios y tanto su valor como su desapego a la vida se convirtieron en legendarios. De hecho, muchos emperadores y generales romanos escogieron a soldurios hispanos para formar su guardia personal, vinculados a su comandante por el fides, el famoso juramento hispano.

Desde los tiempos de Publio Cornelio Escipión, numerosos generales y emperadores romanos recurrieron a los servicios de cohortes hispanas, soldados mercenarios y tropas auxiliares al servicio de las legiones de Roma. De entre todas las tropas hispanas, hay que destacar a las turmas de caballería cántabras, que tuvieron un destacado papel durante las Guerras de las Galias y Germania, llevadas a cabo por Cayo Julio César.

El Corocottamás famoso de estos soldurios hispanos es Corocotta, protagonista de la novela histórica de Javier Lorenzo, "El último soldurio". Lo único que se conoce realmente sobre el personaje, y a raiz de lo cual se ha especulado tanto, es la siguiente cita de Dión Casio, en los tiempos de Augusto:

"Irritóse tanto [Augusto] al principio contra un tal Corocotta, bandolero español muy poderoso, que hizo pregonar una recompensa de doscientos mil sestercios a quien lo apresase; pero más tarde, como se le presentase espontáneamente, no sólo no le hizo ningún daño, sino que encima le regaló aquella suma".
Dión Casio 56, 43, 3 (trad. de A. Schulten en Fontes Hispaniae Antiquae vol. V, Barcelona, 1940, p. 335)

 

César dice de los soldurios, que "su profesión era participar en vida de todos los bienes de aquellos a cuya amistad se han consagrado, pero si a éstos les sucede alguna desgracia, o la han de sufrir junto con ellos o han de darse muerte; y aún no se sabe de ninguno que, muerto aquel a cuya amistad se había consagrado, haya negado el morir". Son combatientes de élite de una fidelidad a su comandante a prueba de bombas.

La verdadera esencia de la deuotio es la consagración religiosa al caudillo en virtud de orientaciones religioso-colectivas y del influjo tan peculiar del sentido religioso en la vida pública y militar de los hispanos; el segundo elemento de carácter puramente social, la relaciona íntimamente con la clientela militar, es decir, la deuotio ibérica tiene por objeto exclusivo la guerra. El deuotus, como se desprende de un texto de Plutarco, Sert., 14, sobre los soldurios de Sertorio, una vez salvada la vida del jefe, atendían a la suya propia. El suicidio del soldurio cuando muere el jefe se puede explicar satisfactoriamente por ser la muerte la única forma de expiar el delito de no haber sabido proteger al patrono.

Los miembros de las escoltas militares, iberos o celtíberos, a los que fueron tan inclinados los romanos, seguramente estaban formados por soldurios. Sertorio dispone de una guardia personal de celtíberos.

El término soldurio podría acabar derivando en los conceptos de solidaridad o solidario, que no provendrían de la palabra latina "solidus", paga que se daba a los mercenarios. La palabra soldurio es la utilizada entre los iberos para denominar a los fieles devotos, los solidarios o soldurios, en su forma latina, soldurii. La extrema fidelidad que practicaban los solidarios fue algo que impresionó notablemente a los romanos. El prestigio de los devotos ibéricos, los solidarios, trascendió las fronteras de Iberia y recorrió casi todo el Mediterráneo, al menos, hasta el Egeo y el mundo greco-latino.

Es lógico que de esta extrema fidelidad, hasta el punto de quitarse la vida una vez muerto el líder, surgiera la costumbre de usar el nombre de los solidarios para denominar a los que eran soldurios, sin apenas cambios fonéticos.

Los solQuinto Sertoriodurios servían lo mismo a un gran jefe como Adiatunno -rey de los sotiates de Aquitania, quien en tiempo de César llegó a tener unos 6.000 solidurios, quienes a su vez vivían en común compartiendo bienes e infortunios con él, es decir, en solidaridad-, como a un jefe de menor categoría como Retógenes Caraunio, quien sólo contaba con cinco solidarios. Porque los solidarios no eran simples mercenarios que guerreaban por dinero; los solidarios lo hacían porque creían que la persona a la que servían era muy especial, de gran talla moral, casi divino.

Solidurio es una palabra compuesta de dos morfemas celtibéricos que podemos rastrear a través de varias lenguas indoeuropeas: solí = "sol" y durios = "servidor, adorador", en fin, "los guerreros del sol".

 

 

 
 
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