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Revista de Historia Antigua

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SERTORIO EN TINGIS

La guerra contra Sertorio, es una consecuencia más de la luchas internas de la república para la consecución del poder político, un capitulo más del enfrentamiento entre el partido Optimate y el Popular por hacerse con el poder en Roma, un episodio mas del proceso de descomposición intestino del régimen republicano.

Quinto Sertorio, uno de los 2.000 ciudadanos proscritos por Sila, y antiguo lugarteniente de Cayo Mario, enemigo declarado de Sila, trató de alcanzar en su lucha la vía que le facilitaría su regreso a Roma. La política de Sertorio tenía como finalidad poner en tela de juicio y derribar lo más rápidamente posible al gobierno de los optimates, dirigido y personalizado en Sila.

Llegó a Hispania en el otoño del 83 a. C. y estableció una línea defensiva en el Pirineo oriental. Inició entonces sus primeros contactos con los indígenas, pero con escaso éxito, puesto que sólo logró reunir 9.000 hombres. La traición abrió el Pirineo al ejército senatorial (principios del 81 a. C.), y S. se retiró con sus tropas a Cartagena, donde embarcó para África. Entre el 81 y el 80 a. C., se dedicó a atender nuevas oportunidades. Intentó establecerse en Mauritania y fracasó en un desembarco en Andalucía. Se unió a un grupo de piratas cilicios, lo que le desprestigió en Roma, y atacó Ibiza. Fue derrotado nuevamente y se refugió en las Columbretes y después en el Algarve. Pensó en refugiarse en las «islas Afortunadas», pero prefirió intervenir en la guerra civil de Mauritania. Esto le valió poder contar con una base en Tingis (Tánger).


En África decidió apoyar a los rebeldes de Tingis, rebelados contra su rey Ascalis, amigo de Sila. Sertorio ayudó a los sublevados y con ellos venció a la guarnición romana comandada por Pacciano, a quien Sila había enviado en ayuda del rey africano. Los romanos vencidos se pasaron a su bando y junto con tropas auxiliares indígenas conquistó Tingis. Plutarco cuenta la anécdota de que, durante el asedio de Tingis, Sertorio desenterró los restos del gigante Anteo, de 60 codos o unos 25 metros de estatura, y que, una vez admirados, los volvió a enterrar.

Los tingitanos apreciaron aparentemente el gobierno de Sertorio, que se había creado allí una especie de reino y centenares de ellos lo acompañaron de vuelta a la Bética. Esta alianza, como sus actividades de pirata en la zona del estrecho de Gibraltar, le acarrearían la oposición del elemento indígena y de los grupos comerciales, semitas o itálicos, de la Bética. En el 80 a. C. desembarcó, con muy pocas tropas, junto a Tarifa, marchando desde allí, no sin combates, hacia Lusitania, donde había sido llamado por sus habitantes para que dirigiese su revuelta contra Roma.

 

 
 
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