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Revista de Historia Antigua

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FUNDACION DE SAN MARINO

La Serenísima República de San Marino es la república más antigua de Europa. Está enclavada enterritorio italiano, entre Emilia-Romaña y las Marcas; en una zona accidentada, al pie del Monte Titano de 749 metros, muy cerca del Mar Adriático. El territorio sanmarinés está formado por nueve antiguos Castillos, incluida la capital, San Marino. Estos pequeños centros surgieron como consecuencia de los primeros asentamientos urbanos de la población.

La tradición cuenta que fue fundada en el 301 d.C, cuando un joven cantero dálmata llegó a Rímini con su compañero León para trabajar en la reconstrucción de la muralla de Rímini. Marino, así lo llamaron, (hombre que venía del mar), pronto se hizo apreciar entre la comunidad de cristianos a la que pertenecía. En esta población permanece varios años predicando el cristianismo hasta que tiene que huir en compañía de León y otros cristianos. Corrían tiempos difíciles para la cristiandad por la persecución de Diocleciano. Pero la llama de la fe cristiana no podía ser apagada y Marino fue el encargado de buscar un nuevo lugar donde edificar una capilla. Buscó durante días y finalmente encontró el sitio adecuado: una meseta, a la sombra de la triple cumbre de la montaña del Titano, al Norte de los Apeninos. Allí se instaló y fundó una comunidad religiosa con ayuda de Gaudencio, obispo de la próxima Rímini. El núcleo inicial es la ermita dedicada a S. Pedro. No estuvo mucho tiempo solo. Pronto llegaron otros perseguidos para refugiarse al abrigo de aquel monte. Había nacido San Marino, lugar de refugio para los perseguidos por sus creencias religiosas.

La propietaria del terreno, una compasiva mujer de la nobleza de Rímini, les dejó en herencia el territorio como un regalo por haber salvado a su hijo, que con el tiempo se convirtió en una minúscula república italiana.

Esto dice la tradición. Ahora bien, la gran persecución contra los cristianos desencadenada por Diocleciano tuvo lugar a partir de 303, por lo que las fechas tradicionales no son demasiado fiables. O la república se fundó posteriormente a 301, o el refugio de las primeras comunidades cristianas del monte Titano se constituyeron previamente a la gran persecución diocleciana. Diocleciano promulgó sendos edictos consecutivos contra el Cristianismo en 303 y 304 d.C, prolongándose la represión hasta 311.

Los tres siglos anteriores habían sido de relativa tolerancia, a pesar de esporádicas represiones contra los cristianos. El cristianismo se enfrentaba abiertamente con círculos intelectuales paganos, influidos por las tesis anticristianas de Celso y Porfirio. Algunos de estos intelectuales pertenecían al propio círculo de amigos del emperador. Además existía una intensa rivalidad entre los cristianos y la clase militar, provocada por el pacifismo cristiano, que generaba casos de insubordinación en el ejército. Por no hablar de la reiterada oposición de las comunidades cristianas a la política religiosa estatal y al culto imperial, agravado por su proselitismo.

Diocleciano esperó mucho tiempo en tomar tan drástica decisión por tener lazos familiares con cristianos (su madre y su esposa lo eran), y parece que fue Galerio quien influyó decisivamente en él, apoyado por poderosos sectores del ejército.

Aunque la historiografía tradicional cristiana califica a Diocleciano como el "gran perseguidor", no fue tan cruenta ni tuvo los mismos efectos en las distintas partes del imperio, ya que, de hecDioclecianoho, fue más intensa en Oriente, y en muchos lugares de Occidente, apenas si tuvo trascendencia. Y es aquí donde podemos enmarcar la historia de la fundación de un refugio montañoso de comunidades cristianas huidas de oriente a occidente para evitar la represión. En una fecha no precisada, pero que debió ser posterior a 303 d.C., Marino de Dalmacia decidió refugiarse en un lugar inaccesible y discreto, a cubierto de la represión anticristiana, y donde dedicarse a la vida pacífica en comunidad, lejos de los avatares de su tiempo. Un tiempo en el que el imperio romano se reinventó a sí mismo, de la mano del propio Diocleciano y de sus brutales predecesores, escapando de la crisis de anarquía militar que se propagó durante gran parte del siglo III d.C, hasta que la mano firme de algunos oficiales, de procedencia oriental (los emperadores ilirios, el último de los cuales se considera a Diocleciano, oficial dálmata de origen humilde), pudo reconducir el destino decadente del imperio y llevarlo a puerto durante al menos siglo y medio más.

 

 

 
 
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