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Revista de Historia Antigua

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MERCENARIOS EN CARTAGO

Con la sangría de ciudadanos púnicos que perecían en las cruentas guerras por el control de Sicilia de los siglos V y IV a.C. contra los recios tiranos helenos (sobre todo siracusanos) de la isla, y ante la falta de personal propiamente cartaginés para mantener el imperio marítimo cartaginés, el Senado púnico no tuvo otra opción que emplear, previo pago de mucho oro, un ingente número de tropas extranjeras dentro de sus ejércitos. La entrada de mercenarios en el ejército cartaginés ya se había iniciado a fines del siglo VI a.C., cuando la reforma militar de Magón permitió su discreta incorporación. Pero a partir de la decisión senatorial, enzarzados como estaban en Sicilia, ésta ya fue masiva.

Y se los buscaron en las cercanías de Africa, entre los libios y los númidas, y en Iberia. Desde el 480 a. C., mercenarios iberos y honderos baleáricos lucharon con denuedo por una soldada y promesas de saqueo en las filas cartaginesas en Sicilia: en la Batalla de Hímera, en la muy comentada destrucción de Selinunte (409 a. C. ), en las conquistas de las ciudades de Hímera (408 a. C. ), Agrigento (406 a. C.), Gela y Camarina (405 a. C.), en el Sitio de Siracusa (con éstos no pudieron) (397 -395 a. C.) y en la Primera Guerra Púnica contra el rival romano. Las fuentes clásicas destacan lo abigarrado de la composición étnica del ejército de Cartago.

Diodoro testimonia la fuerte presencia de mercenarios en las filas púnicas durante la Segunda Guerra Siciliana durante la invasión del general cartaginés Himilcón, pues según el cronista siciliano, los mercenarios componían la mayor parte del ejército cartaginés, en el que también se encontraban carros de guerra e infantería libio-fenicia. Durante el fracasado asedio a la poderosa Siracusa, muchos mercenarios libio-fenicios perecieron de peste o fueron capturados por las tropas del tirano siracusano Dionisio I. Himilcón hizo mtuis por el foro y abandonó a su suerte a los mercenarios, que en su mayoría fueron muertos o esclavizados por Dionisio, excepto los astutos mercenarios iberos, que renegociaron su posición con el siracusano y se cambiaron de bando, pasando a defender las armas de Siracusa. Los norteafricanos fueron los que salieron peor parados, pues los prisioneros tomaron parte a su pesar en el ambicioso programa constructivo de obras públicas de Dionisio.

Polibio también se refiere al uso masivo de mercenarios en las filas púnicas: "Los cartagineses movilizaron tropas a sueldo en las regiones ultramarinas, la mayoría hispanaHannón muestra las arcas vacías a los mercenarioss y muchas de ellas ligures y celtas, enviándolas todas a Sicilia". No sabemos lo que les prometía, pero debía ser muy goloso, y cuando al final de la Primera Guerra Púnica, el Senado cortó el grifo de oro para pagar a los mercenarios, se armó la marimorena y estalló una guerra de crueldad excepcional, la llamada Guerra de los Mercenarios o Guerra Inexpiable. No hubo piedad para nadie. Todo empezó cuando Hannón el Grande, uno de los mandamases púnicos, y rival de Amílcar Barca, informó a los gerifaltes mercenarios que las arcas de Cartago estaban agotadas tras la guerra y que Roma había impuesto una gravosa indemnización de guerra, y les pidió que renunciaran a parte de su paga. Estaba muy claro que la utilización de mercenarios costaba muy cara al estado cartaginés. Pero los mercenarios habían visto con sus propios ojos la inconmensurable riqueza de Cartago, que a pesar de lo que debía pagar a Roma, todavía tenía suficiente para satisfacer la soldada de los mercenarios. Además, durante las duras batallas en Sicilia, Amílcar les había prometido sucesivos premios para mantener la moral de la tropa. Pero este conflicto es otra historia.

Las causas de alistamiento de los guerreros ibéricos como mercenarios, están relacionadas con la pobreza de muchos de estos pueblos y con su ardor guerrero, puesto que una de sus formas principales de vida era el bandolerismo. Pero no sólo íberos fueron contratados por Cartago: también se sumaron a la fiesta, galos, celtas, ligures, númidas, africanos de diferente pelaje y, sobre todo griegos. Los iberos formaban parte de las tropas auxiliares cartaginesas que sometieron casi toda la isla de Cerdeña a fines del siglo VI a.C. Sobre todo las miserables tribus del interior de la Península Ibérica, se embarcaron con entusiasmo en los planes de la familia Bárcida, entre la Primera y la Segunda Guerras Púnicas.

Al parecerRecreación de mercenarios hispanos, el reclutamiento de los mercenarios no se hacía individualmente sino por contingentes, liderados por sus jefes naturales. Eran reclutados por agentes cargados de oro que procedían de Cartago. Si los mercados tradicionales estaban exhaustos, viajaban al interior en búsqueda de nuevas fuentes de aprovisionamiento. Los mercenarios bárbaros, celtas, ligures, iberos, eran considerados "carne de cañón", mucho más prescindible que las milicias ciudadanas de Cartago. En algunas ocasiones, fueron traicionados por sus propios generales, como Himilcón en el asedio de Siracusa que les dejó abandonados a su suerte. Plutarco decía que los cartagineses "soportaban sus fracasos a costa de otras naciones".

A partir de la presencia de los Barca (Amílcar, sus hijos, su yerno) en Iberia, desde 237 a.C., se distinguen tres categorías de tropas iberas o celtíberas al servicio de Cartago: los mercenarios puros, los contingentes entregados como tributo por los pueblos sometidos, y los proporcionados, más o menos voluntariamente, por pueblos no sometidos, como prueba de buena voluntad y vinculados por la diplomacia. Aníbal mismo se casó con una princesa ibera para fortalecer dichos lazos, aunque Imilce de Cástulo pudo muy bien entrar en la categoría de rehén, para mantener a su pueblo dentro de la égida púnica. Los mercenarios puros eran menos numerosos que los otros entre las fuerzas de Aníbal, pero fueron los más fiables y combativos.

 



 


 
 
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