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Revista de Historia Antigua

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EL ASEDIO DE MASADA

La inaccesible fortaleza de Masada era un "pico de aguilas". La ciudadela contaba con almacenes, cisternas y diversos palacios. Las murallas que circundaban la cima facilitaban la resistencia ante cualquier ataque. Estaba situada en una meseta romboidal en lo alto de un monte de 500 metros de altura sobre el nivel del mar y escarpadas laderas (auténticos acantilados de al menos 50 metros de altura en sus partes más bajas), en medio del desierto, era casi inexpugnable. De hecho el mismo nombre Masada, significa "fortaleza" en hebreo. Había sido mandada construir por el rey Herodes algo más de un siglo antes.

Fue uno de los pocos focos de resistencia de los judíos contra el poderío romano después de la destrucción de Jerusalén por las legiones de Tito, hijo del emperador romano Vespasiano.


Hacia el año 70 d.C. comenzó el asedio de la X Legión romana y tropas auxiliares, fuerzas que disponían en total de unos 15000 hombres, comandados por Flavio Silva, legado imperial en Judea. Había miles de prisioneros judíos que eran empleados para transportar agua y alimentos y trabajar en la construcción. Alrededor del campamento romano vivía un heterogéneo grupo de seguidores de los soldados y mercaderes. Dentro de Massada se disponía a su defensa una fuerza de unos 1000 zelotes mal avenidos, algunos con sus familias, pero en una situación ventajosa estratégicamente y dirigidos por Eleazar Ben Fair.

Los zelotes fueron un movimiento político nacionalista y radical en el Israel del siglo I fundado por Judas el Galileo poco después del nacimiento de Cristo. El nombre, en hebreo qanaim, "celar", el celo por Yahveh guardado por sus miembros. Su objetivo era una Judea independiente del Imperio Romano mediante la lucha armada. Los zelotes fueron la facción más radical del judaísmo de su época, y se enfrentaron a sectores más moderados como los fariseos o saduceos, a quienes acusaban de tener "celo por el dinero".

Las labores de asedio fueron de una dificultad extrema, dadas las condiciones del lugar. Pero los romanos eran, con diferencia, los mejores ingenieros de la época y no dudaron en desplegar un minucioso entramado de muros que impidió a los judíos rebeldes entrar o salir de la montaña. La muralla alrededor de Masada tenía casi dos metros de grosor y fue además fortificada en su parte este con doce torres construidas a intervalos. Los ocho campamentos construidos alrededor de la fortaleza, al pie del risco, no dejan a nadie indiferente. Se utilizaron como cuarteles para las tropas, para controlar las posibles rutas de fuga desde la cima y como defensa contra incursiones zelotes. La toma de Masada es un ejemplo de eficacia de la técnica poliorcética (asalto de ciudades o fortalezas) del ejército romano.

Los rebeldes utilizaron en principio Masada como base de operaciones contra campamentos y unidades del ejército romano, y además sólo por su mera existencia los zelotes y su proselitismo podían prender de nuevo el fuego de la rebelión. Las fuerzas rebeldes estaban bastante mal cohesionadas y eran poco profesionales. Flavio Josefo asegura que entre los propios líderes rebeldes asediados había serias discrepancias y que en parte, por esta razón cayó Masada.

Los romanos emplearon catapultas y otras máquinas de asedio, castigando a los rebeldes encerrados desde un promontorio cercano. La obra maestra de la superior ingeniería romana fue la construcción de una rampa de madera y barro, de 200 m de largo, para alcanzar La rampalos muros de la fortaleza. Al final de la rampa se construyó una torre de asedio a la que pudo subirse un ariete. Éste contaba con una superestructura provista de catapultas adicionales con las que arrojaban dardos y piedras y con ella los romanos se dispusieron al asalto de los muros, abriendo una brecha. Los combatientes zelotes intentaron taparla por todos los medios con muretes de madera. Los romanos echaron teas encendidas que destruyeron las defensas. Los romanos estaban en disposición de aniquilar inmediatamente a los defensores. No había esperanza de socorro ni de huída, la situación era desesperada. Sólo cabían dos alternativas: rendirse o morir.


EleFlavio Josefoazar Ben Fair eligió el suicidio colectivo. Al escalar las murallas, los romanos no hallaron sino cadáveres. Los judíos supervivientes, hombres, mujeres y niños, decidieron incendiar los edificios y almacenes y matarse antes de someterse al enemigo. Los defensores de Masada, atestiguó Flavio Josefo, se dieron muerte por su propia mano, a excepción de siete supervivientes (dos ancianas y cinco niños) que se habían escondido en una cueva durante el sacrificio colectivo. Su testimonio fue recogido por el historiador Flavio Josefo en su obra "La guerra de los judíos", donde narra con gran dramatismo el asedio y las últimas horas de Masada, que se había convertido en símbolo de la resistencia judía.

Era el año 73 d.C. Las condiciones geográficas tan especiales habían impedido el asalto y prolongado durante 3 años el asedio.

 
 
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