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Revista de Historia Antigua

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Farenheit 451
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La invención de la democracia
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Livio Druso, el amigo de los itálicos
La falcata ibérica
Emilio Paulo el Macedónico
Cicerón versus Publio Clodio
El origen de la escritura
El fin de Yugurta
El último emperador

 
 

FARENHEIT 451

la primera gran destrucción que sufrió la Biblioteca de Alejandría fue provocada por lo romanos cuando Julio César, en la persecución de su viejo amigo y ahora rival Pompeyo, arribó a las costas egipcias, y se vio envuelto, tras el asesinato de Pompeyo por el visir egipcio Potino, eBiblioteca de Alejandrían la guerra civil declarada en Egipto. César se inclinó a favor de la hermana del rey Ptolomeo XIII Filópator, Cleopatra VII. Los leales al rey asediaron a César en el palacio real de la ciudad e intentaron capturar las naves romanas en el puerto. En medio de los combates, teas incendiarias fueron lanzadas por orden de César contra la flota egipcia, que según algunas fuentes alcanzaron a los depósitos de libros de la Gran Biblioteca, que se encontraba en el barrio de Bruquión, cercano al puerto.

Pero parece que la cosa no fue para tanto: la Gran Biblioteca alejandrina y sus tesoros no fueron destruidos en el incendio del año 48 a. C. Probablemente, y según las fuentes, debieron arder unos 40.000 tomos, depositados en almacenes del puerto, probablemente en espera de ser catalogados para la Biblioteca, o para su exportación a Roma, tal como indican César, Séneca y Dión Casio.

La Biblioteca continuó funcionando, y eso a pesar de los diferentes desastres de diversa índole que sufrió Alejandría durante los siglos III y IV d.C.: asedios, revueltas, terremotos, que forzosamente tuvieron que afectar en alguna medida a la Gran Biblioteca y sus edificios tributarios. Es probable que la Biblioteca original de los Tolomeos fuera destruida, si no totalmente, al menos en parte en alguno de estos desastres, quedando parte de su contenido original custodiados en una Biblioteca "Hija" ubicada en el complejo de edificios del Serapeum, templo dedicado al dios Serapis, patrón de la ciudad.

A finales del siglo IV, el emperador Teodosio el Grande, ferviente crTeodosio el Grandeistiano, en respuesta a una petición del intransigente y extremista patriarca de Alejandría Teófilo, prohibió las religiones no-cristianas (paganas). y envió un decreto de prohibición contra el paganismo en Egipto. En el año 391, el propio Teófilo promovió una revuelta, y al frente de una turba fanática y enfurecida con ardores religiosos se asaltó el templo de Serapis por ser símbolo de la doctrina pagana. Algunos historiadores afirman que la Biblioteca del Serapeo fue saqueada y sus libros dispersados o destruidos. Es posible, según unas fuentes, que el Serapeo fuese entonces demolido piedra a piedra y edificado en su lugar un templo cristiano.

Otros creen que seguramente se salvaron buena parte de los fondos de la Biblioteca, toda vez que habrían sido trasladados con anterioridad, otros que ya para aquel tiempo no existía la Biblioteca como tal.

No sería extraño que el contenido de la Biblioteca del Serapeo fuera dañado por las sucesivas algaradas que sufrió la ciudad en esta época, famosa en la antigüedad por la naturaleza levantisca y pendenciera de sus habitantes. A lo largo de los siglos IV y V fueron frecuentes los motines populares. En 416, el teólogo e historiador hispanorromano Paulo Orosio contemplaba con tristeza y aprensión los restos de la biblioteca del Serapeo, y su declaración confirma que la biblioteca había desaparecido ya en el siglo V, más de dos siglos antes de la conquista de Egipto por los árabes en 642, lo que exime a éstos de responsabilidad en el desastre.

Su desaparición significó la pérdida de aproximadamente el 80% de la ciencia y la civilización griegas, además de legados importantísimos de culturas asiáticas y africanas. El progreso científico quedó estancado durante más de cuatrocientos años, hasta que fue reactivado durante la Edad de Oro del Islam (siglos IX-XII), por una serie de estudiosos y eruditos musulmanes de la talla de ar-Razi, al-Battani, al-Farabi, Avicena, al-Biruni, al-Haytham, Averroes y muchos otros.

 
 
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