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Revista de Historia Antigua

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El último emperador

 
 

LA DIARQUÍA ESPARTANA

Es una institución única en el mundo griego. Es una monarquía dual hereditaria. Aristóteles la definió como un generalato hereditario y vitalicio. Según la tradición, la diarquía descendía de dos familias que incluso habían llegado a enfrentarse: Agiadas y Euripóntidas. Probablemente se remonta a la ápoca de las migraciones dorias. Los espartanos pensaban que ambas familias se remontaban a Heracles (Hércules, el semidiós) y a su hijo Hyllos.

La Leónidas y su guardia en el cómic 300principal función de los reyes durante las migraciones era por un lado, la dirección del ejército y por otro la averiguación de la voluntad divina, tareas que continuaron ejerciendo tras la fundación de la polis. Con el tiempo, los reyes vieron restringidos sus atribuciones, que recaían cada vez más en el Consejo y la Asamblea Popular.

Entre los historiadores contemporáneos hay algunas hipótesis tendientes a explicar la institución de la diarquía, como la que propone P. A. Cartledge, quien propone un proceso sineicístico como origen de la ciudad de Esparta y sus instituciones. El territorio que rodeaba a la llanura del río Eurotas estaba ocupado y distribuido entre cuatro poblados pequeños y autónomos: Cinosura, Mesoa, Pitana y Limna. Durante el S. VIII a.C., obedeciendo a intereses políticos y económicos las aldeas se fusionaron en una única polis. Como consecuencia, las dos poblaciones más fuertes -o bien las promotoras del proceso de unión- impusieron como basilei a sus jefes respectivos.

De entre los reyes espartanos, Cleómenes, Leónidas (el de los 300), Pausanias y Agesilao fueron grandes generales cuya fama deslumbró a sus contemporáneos y a las generaciones venideras. A menudo los reyes aprovechaban su celebridad para modificar a su favor el equilibrio entre las instituciones regulada por la Retra (le Ley suprema espartana), e intentaban dominar Consejo y Asamblea Popular. La ciudadanía recelaba cuando alguno de los reyes se alzaba por encima de las sagradas instituciones de la ciudad. Por ello, desde el siglo VI a.C., se limitó el poder también en el campo de batalla mediante medidas como establecer consejos de control, obligación de rendir cuentas o la transferencia de del cargo de general en jefe a otros espartanos. El caso más sonado fue el del general Lisandro en la Guerra del Peloponeso. Además los reyes tenían la obligación de jurar todos lo meses que ejercían la soberanía real según las leyes, por si acaso a alguno se le olvidaba.

Los reyes representaban a la comunidad ante los dioses. Los espartanos fueron un pueblo, además de muy guerrero, muy muy religioso. Para cada actuación (se supone que militar) había que pedir el permiso de los dioses, ya fuese mediante la consulta del Oráculo de Delfos, haciendo sacrificios (de esos de consultar las vísceras de las víctimas animales), u observando los fenómenos naturales, todo lo cual, manipulado hábil y convenientemente a favor de los intereses de los grupos de presión que representaban los reyes, podían influir (y de hecho lo hacían) en las decisiones políticas y militares de la ciudad. Pero a pesar de eso, respecto a las instituciones ciudadanas, los reyes eran intocables, pues su interacción con los dioses era tan compleja que no se les podía despojar de su cargo por la decisión de simples mortales. Y es que claro, los reyes eran nada más y nada menos que sacerdotes de Zeus, el dios supremo del panteón olímpico.

Dada su alta jerarquía en el estado espartano, a los reyes se les proveía de honores y derechos civiles honoríficos, como una mayor participación en el botín, funerales realmente fastuosos o un sitio de honor en los banquetes, derechos adquiridos desde tiempo inmemorial y por tanto, inviolables. En cambio, en política interna, en época histórica, los reyes no gozaban de tan desahogada posición, puesto que como mandaba la Retra promulgada por el gran legislador local Licurgo, los reyes se convertían en miembros de Consejo, pero en la Asamblea, los que ostentaban la presidencia eran los éforos.

Pero en general, y ya que la institución estaba tan vinculada a los dioses (sobre todo al "jefe" Zeus), de los que se esperaba protección y ayuda, el que más y el que menos se lo pensaba dos veces antes de atentar o de oponerse a los diarcas. Ya he dicho que los espartanos eran en su conjunto un pueblo muy religioso, incluso los elementos más díscolos.



 

 
 
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