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Revista de Historia Antigua

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LA DESTRUCCIÓN DE AGRIGENTO

La gran destrucción de la ciudad siciliana de Agrigento en 406 a.C., es un sórdido episodio que forma parte de las descomunales luchas que mantuvieron los tiranos griegos de Sicilia y los cartagineses por el control de la gran isla mesomediterránea. La antigua Akragas fue una fundación de la ciudad grecosiciliana de Gela, hacia 582 a.C.

Segesta, ciudad siciliana del noroeste, había solicitado por motivos internos la intervención de los cartagineses; los cartagineses, encantados, acudieron a la llamada, pero los griegos les rechazaron (409 a. C.). De nuevo a las andadas, esta vez triunfaron para desesperación de los griegos, que vieroTemplo de la Concordia en Agrigenton como Selinunte, Hímera y Agrigento eran conquistadas en 406 a.C. Los agrigentinos, algo zánganos para las actividades militares, contrataron un ejército mercenario lacedemonio bajo el mando de Dexipo, siempre tan dispuestos para eso de los golpes, y también fueron ayudados por tropas siracusanas, enemigos acérrimos de los cartagineses, que debieron hacer bueno el refrán aquel de las barbas del vecino... El asedio de Akragas duró 8 meses y tuvieron que capitular por hambre. Los púnicos se vengaron pero bien vengados y pasaron por las armas a muchos de los habitantes que se habían rendido. Los que sobrevivieron marcharon a la metrópolis Gela, y después de la subsiguiente caída de ésta en manos cartaginesas, en Leontino. Los cartagineses ocuparon la ciudad y a la primavera siguiente (405 a. C.) la destruyeron en venganza por el fracaso de 409 a.C. y después la abandonaron. Cuando Dionisio I de Siracusa firmó la paz con Cartago, Agrigento no recuperó nunca la importancia que tuvo antes de la destrucción púnica, a pesar de que volvieron los habitantes exiliados en Leontino que así lo desearon. De hecho, las murallas, tanto de Agrigento como de Gela, no podían ser reconstruidas según el acuerdo de paz, y ¿dónde iba en aquella época y en Sicilia una ciudad sin murallas? Pues a nada bueno, evidentemente. Por supuesto ambas quedaron como tributarias de Cartago.

El ejército cartaginés que asedió Agrigento estaba en gran parte constituido por mercenarios hispánicos reclutados en Iberia por Aníbal (nada que ver con el de la 2ª Guerra Púnica, obviamente), comandante de las fuerzas púnicas. Los ayudantes de Aníbal, deseosos de atacar por cuantos más puntos de la ciudad, mejor, ordenaron a los soldados demoler los mausoleos y las tumbas y construir terraplenes hasta los muros. La destrucción de las necrópolis era un suceso corriente por hallarse éstas situadas en las afueras de las ciudades y pueblos, ya que facilitaban materiales de construcción al enemigo que asediase la plaza en cuestión. El caso es que suele suceder entre las multitudes abigarradas que asedian y defienden una ciudad, una plaga se abatió sobre el ejército invasor, muriendo muchos de ellos, incluido el mismo general. Visto que el miedo y la superstición se abatía como una plaga más sobre los púnicos, Himilcar, que sustituyó a Aníbal en el puesto de mando, ordenó detener la destrucción de templos y mauselos, y no sólo eso, sino que según Diodoro Sículo, "imploró a los dioses, a la manera de su pueblo, sacrificando un joven a Kronos (= Moloch) y un rebaño de bueyes a Poseidón, ahogándolos en el mar". "Sacrificar a la manera púnica" era según los muchos detractores que tuvieron los cartagineses tras su derrota en las guerras púnicas, matar a seres humanos para complacer a los dioses, mientras que "sacrificar a la manera griega" era matar animales, pero para lo mismo. En este caso, Himilcar, para no quedarse corto, y por si acaso, hizo las dos cosas.

Himilcar, mientras ponía orden en el aterrorizado ejército, no descuidó las obras de asedio, sino que rellenó el cauce del río que discurría junto a la ciudad hasta los muros de ésta, arrimando a ellos las máquinas de asedio, sin dar cuartel a los defensores agrigentinos. Así, cuando cayó Agrigento, los cartagineses se dedicaron al saqueo y a la matanza en la ciudad rendida, apoderándose del copioso botín que encerraba la hasta entonces ciudad más rica del mundo griego de Occidente. De las muchas obras de arte confiscadas, las mejores pinturas y esculturas fueron enviadas a Cartago, que a pesar de su enemistad declarada con los griegos, en el fondo eran unos tipos bastante helenizados culturalmente. El resto del despojo lo vendió como botín.

Himílcar franqueó las puertas al frente de su ejército, y dio muerte a casi todos los que habían permanecido en la ciudad (otros habían conseguido escapar a Gela. Incluso a aquéllos que habían buscado asilo en los templos, los cartagineses los sacaron a rastras y los mataron. No contaron los agrigentinos con la impiedad de los púnicos propiamente dichos y sus bárbaros mercenarios. "Himílcar, después de arrasar y despojar sistemáticamente los templos y las viviendas, reunió todo el botín que cabía esperar de una ciudad que había estado habitada por doscientas mil personas, que había permanecido intacta desde la época de su fundación y sido una de las ciudades griegas más opulentas de su época, y cuyos ciudadanos además habían dado muestras de su amor a la belleza en las costosas colecciones de obras de arte en todas sus variedades. Y en efecto, se reunió una colección de pinturas primorosamente ejecutadas y un extraordinario número de estatuas de todo género realizadas con el mayor esmero."(Diodoro, XIII, 90 )

Por fin, y no contento con su actuación, Himílcar permaneció un tiempo en la ciudad, arrasándola a conciencia, «y por lo que a los templos se refiere, si éstos no parecían bastante destruidos por el fuego, hizo trizas sus esculturas y cuanto estaba labrado con arte sobresaliente» (Diodoro, XIII, 108). Algo muy parecido ordenó ejecutar el mismo general púnico cuando sus fuerzas conquistaron poco después Gela.

 

 

 
 
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