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Revista de Historia Antigua

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CNEO POMPEYO ESTRABO CARNIFEX

General romano. No se conoce el año de su nacimiento, pero sí el de su muerte, el 87 a.C. Su biografía tiene dos hitos: fue el padre de Cneo Pompeyo el Grande, y el otro fue la masacre que siguió a la toma de Ausculum (Ascoli) en la guerra civil llamada de los Socii o Aliados.

Era un terrateniente picentino, origen étnico por el cual los romanos de pura cepa le consideraban (como a su hijo) más galo que romano. Fue el primero de su familia en adquirir un rango senatorial, a pesar de los prejuicios existentes entre la oligarquía de Roma contra las personas de origen rural (los hombres nuevos). Cicerón también sufrió estas iras, a pesar de su indudable brillantez política y oratoria.

El apelativo Estrabón hace referencia al profundo defecto visual que padecía, estrabismo. Fue llamado también el Carnicero por su falta de humanidad y su crueldad, que demostró de sobra en la conquista de Ausculum, cuando mandó ejecutar a la gran mayoría de la población, tras azotarles, niños incluidos, como escarmiento por la rebeldía demostrada contra Roma, exiliando al resto.

Fue cuestor en el año 104 a.C. en Cerdeña y en el año 94 a.C. pretor en Sicilia. Posteriormente fue pretor en el 92 a.C. y propretor en Macedonia.

Participó muy activamente en la guerra de los Aliados, durante la gran sublevación de los aliados itálicos contra Roma. Derrotó a los dos líderes picentinos, Tito Lafrieno y Publio Ventidio en el 90 a.C. y en el 89 a.C., ya elegido cónsul, alcanzó el mando del ejército romano en el norte de Italia, luchando contra el jefe de los marsos P. Vettio Escaton. Durante el asedio de Ausculum, otorgó la ciudadanía romana a un escuadrón de jinetes hispanos procedentes del Medio y Bajo Ebro (turma Salluitana) que combatieron en las filas romanas (89 a.C.). Este hecho aparece reflejado en el excepcional documento epigráfico conocido como "Bronce de Ascoli", conservado en el Museo Capitolino de Roma. Fue tras la masacre de Ausculum cuando fue nombrado cónsul.

El texto contenido en el Bronce de Ascoli refleja la incorporación de tropas ajenas al ambiente itálico en las guerras civiles y por extensión a las guerras internacionales sostenidas por Roma durante el siglo I a.C., y no hay razón para no pensar que también se habían incorporado como tropas auxiliares en décadas anteriores. No olvidemos la presencia, como mercenarios, luchando a su propio estilo y dirigidos por sus propias elites, en la II Guerra Púnica en Hispania. Pero a lo que vamos, este epígrafe demuestra la tendencia del ejército romano a comienzos del siglo I a.C. a incorporar a sus filas a tropas indígenas como tropas auxiliares, dentro del propio ejército romano, no como mercenarios. Esta incorporación a las filas romanas se producía tras un largo periodo de instrucción y de servicio. Después de este proceso, encuadrado dentro de la romanización de los territorios ocupados, los individuos no ciudadanos de las provincias más romanizadas, entre ellas Hispania, quedaban asimilados a la cultura romana y recibían, en muchos casos, la ciudadanía romana como premio; de este modo, se convertían en portadores de esta cultura en sus lugares de origen.

Con la concesión de la ciudadanía romana a este grupo de hispanos, posiblemente vascones y celtíberos, Pompeyo Estrabo buscaba aumentar su clientela hispana, algo que le sirvió de mucho a Pompeyo hijo en las posteriores guerras sertorianas. La clientela, sin duda era la base de los ejércitos personales de los generales romanos, que buscaban de hecho su lugar en un Estado que estaba cambiando hacia un tipo de sistema político en el que el poder personal se estaba imponiendo y en el que el sistema republicano estaba herido de muerte. Estas luchas fratricidas entre poderosos oligarcas desembocaron en el principado de Augusto, un sistema político de corte personalista, por mucha ficción republicana que quisiera darle el princeps.

Ese mismo año, otorgó los derechos latinos a la Galia Cisalpina mediante la Lex Pompeia de Transpadanis, con la esperanza de apagar algo el fuego de la revuelta itálica. En el año 87 fue llamado por Mario tras el regreso del ex cónsul a Roma, en el marco de la confrontación que mantenía el popular contra el aristocrático Sila, que luchaba en Oriente contra Mitrídates del Ponto, el enemigo nº 1 de la República romana. Estrabón de momento no quiso inmiscuirse, pero finalmente lo hizo, y eso fue la causa de su muerte. Entró en la contienda del lado del Senado, que una vez muerto Cayo Mario durante su séptimo (y sangriento) consulado, le llamó para defender la ciudad de las siete colinas contra las tropas del lugarteniente de Mario, Lucio Cornelio Cinna. Al final decidió apoyar a la facción senatorial. Cuando Estrabón, al mando de sus propias legiones, acampó al lado de las murallas romanas, se desató una epidemia en el campamento que se extendió aparte de la ciudad, parece que por no mantener unos mínimos hábitos higiénicos en un ejército de la envergadura del romano. La epidemia desatada al no hacer las letrinas en los lugares adecuados (lo que debió contaminar el río Tíber) se le llevó a la tumba. Según otras fuentes fue un rayo el que fulminó al general estrábico. Lo que si parece cierto, es que la soldadesca, y posiblemente muchos ciudadanos, hastiados de su crueldad, arrastraron su cadáver por las calles de Roma y le arrojaron al río Tíber, ante la impotencia de su propio hijo Cneo Pompeyo.

Cicerón, a su vez cadete del propio Estrabón en su juventud, y posiblemente amigo de Cneo Pompeyo Magnus (hijo del anterior), dijo de él: "digno de odio a causa de su crueldad, la avaricia y la perfidia".

A pesar de su prestigio como soldado y como orador, el Carnicero no fue un hombre propular ni entre sus soldados ni entre el Senado, ni entre el pueblo de Roma. Pero era el dueño del Piceno, lo que aprovechó su hijo para iniciar su escalada en el cursus honorum.

 
 
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