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Revista de Historia Antigua

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LA INVENCIÓN DE LA DEMOCRACIA

En estos tiempos de "partitocracia" que vivimos en España, de la dictadura de las listas cerradas promulgadas por los dos grandes partidos que han impuesto algo parecido al turno pacífico de la Restauración, ese régimen decimonónico que se sacó de la manga el político malagueño Cánovas del Castillo, no está de más recordar cómo se inventó eso tan traído y tan llevado y que llamamos "democracia", cuya implantación real en nuestro país comienzan a pedir algunos colectivos y que en general se va extendiendo entre la mayor parte de la población. Otra cosa muy diferente es que se consiga, pues quienes están en la poltrona, no parecen dispuestos abandonarla.

El término procede de una palabra de etimología griega que viene a significar literalmente "gobierno del pueblo", sistema político inventado en la ciudad-estado de Atenas, por entonces, quizás la entidad política más avanzada del ámbito griego. Define un sistema de gobierno de la ciudad-estado, es decir, compuesto por un número relativamente pequeño de ciudadanos con derecho a decidir sobre el futuro de su Estado. Así, las decisiones eran tomadas por una asamblea de ciudadanos, que tenían la característica básica de ser atenienses, libres y varones. Pero estos eran pocos, ya que no cuentan ni con mujeres, ni con extranjeros, ni con la mayor parte de la población de atenienses, compuesta por esclavos. Curiosa época en donde se inventa un gobierno de la mayoría en un estado donde la mayoría son esclavos. Pero es que los esclavos no formaban parte del pueblo, puesto que no significaban nada, políticamente hablando, para el Estado. Son cosas, objetos que el dueño utiliza para su uso y disfrute. Los esclavos jurídicamente no eran personas, por lo que no tenían derecho a casi nada, excepto a una existencia subordinada al amo, que no tenía que ser forzosamente miserable, que como en botica, había de todo. Pero no nos vayamos por los cerros de Úbeda, que nos despistamos.

A muchos ciudadanos, después de las guerras médicas contra los persas (inicios del siglo V a.C.), las funciones de control del principal Consejo ateniense de la época, el llamado Areópago, les parecían excesivas, después de que las reformas de Clístenes y de los años 80 del siglo del que hablamos y los grandes éxitos militares (victoria sobre los persas), habían fortalecido en gran medida la voluntad del conjunto de la ciudadanía de tomar en sus manos las decisiones políticas. Así, en 462-461 a.C., se eliminaron del Areópago (que no obstante continuó existiendo entendiendo de cuestiones de tipo religioso y jurídicas en delitos de sangre) todos los derechos de control legales y ejecutivos. Estos poderes se transfirieron al Consejo de los Quinientos, a la Asamblea Popular y al Tribunal Popular.

Al recortar de esta manera los poderes del Areópago, cuyos miembros serían proclives a una política en general proespartana (Esparta y Atenas eran los grandes rivales griegos en la hegemonía del mundo griego y contaban con sus propios aliados), los artífices de estas acciones, Efialtes y Pericles tomaron decididamente un rumbo de carácter antiespartano, que no gustó a todos los ciudadanos atenienses, lo que ocasionó no pocos altercados y violentas disputas.

Cimón era el rival de los políticos arriba mencionados, suspendió una expedición a Mesenia y fue condenado al ostracismo (algo parecido al exilio) a su regreso. Su rival Efialtes sufrió un atentado en el marco de las algaradas resultantes de los cambios políticos promovidos por él mismo y Pericles. En este momento surgió por primera vez, y de momento sólo como concepto de lucha política, la palabra democracia (el gobierno del pueblo, poder popular,...), que se convirtió desde este momento en la descripción del sistema político que se iba a ir instaurando en Atenas de forma paulatina. Durante casi siglo y medio, hasta el advenimiento de la hegemonía macedonia plasmada en Filipo II y su hijo Alejandro Magno, el poder político de la ciudad-estado ateniense estuvo en manos de la ciudadanía ateniense sin cortapisas, sobre todo después de que Pericles, con la instauración del pago de dietas, permitiera a cualquier ciudadano participar en el consejo y en los tribunales. Además el mismo Pericles, que da nombre a toda una época de esplendor y hegemonía de la ciudad de Atenas sobre Grecia (con la enconada rivalidad espartana, cuyo prestigio militar no podía permitir esa situación), favoreció el acceso al arcontado (máxima magistratura ateniense) en 457 a.C. a la tercera clase del censo ateniense.

Es curioso señalar como, con el establecimiento de la democracia en el estado ateniense, se rompe definitivamente con la otra potencia del mundo griego, Esparta, y desde entonces Atenas decidió practicar una decidida política antiespartana, que la llevó a crear un imperio marítimo cuyo objetivo número uno era la enemistad con Esparta, e intentar su aislamiento, algo que, obviamente no consiguió, y que a la larga le costó una derrota total ante el enemigo peloponesio. Pero esa es otra historia.


 
 
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