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Revista de Historia Antigua

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Nearcos, almirante macedonio
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Livio Druso, el amigo de los itálicos
La falcata ibérica
Emilio Paulo el Macedónico
Cicerón versus Publio Clodio
El origen de la escritura
El fin de Yugurta
El último emperador

 
 

EMILIO PAULO EL MACEDÓNICO

Militar romano, nacido hacia 230 a.C. y fallecido en 160 a.C. Según Plutarco, la casa de los Emilios era de las patricias y de las más antiguas de Roma. Lucio Emilio Paulo el Macedónico formaba parte de ellas, y unos cuantos más portaron esta trianomina, pero me quedo con éste, que tuvo la importancia de derrotar a los antaño poderosos macedonios, durante su segundo período consular. Derrotó al rey de Macedonia Perseo III, por lo que el Senado tuvo a bien concederle el título honorífico de "Macedónico".

Fue el miembro más distinguido de la gens Emilia. Fue cónsul por primera vez en 182 a.C., y al año siguiente recibió el encargo por parte del Senado romano de acabar con las fructíferas actividades comerciales de los ingaunios, pueblo ligur de considerable poder naval y que atacaba alegremente a los barcos mercantes. Era pues, un caso flagrante de piratería, que Emilio Paulo tuvo a bien dar por concluidas, ya que derrotó por completo a los ingaunios y arrasó sus fortalezas. En buena lógica, fue recibido en Roma con los honores del triunfo, y después de esta campaña, se retiró de momento de la vida pública, dedicado a educar a sus hijos.

En 171 a.C., estalló la Tercera Guerra Macedónica, y viendo que las cosas se torcían para los romanos por aquellos lares, el Senado no vio más solución que volver a llamar al viejo Emilio Paulo, que nuevamente consiguió el consulado. Pero fue elegido no de muy buena gana, pues se consideraba retirado de la vida pública. Por fin, en el año 169 a.C., el pueblo exigía la presencia en Macedonia de un general experto y competente como lo era Lucio Emilio Paulo, y sus amigos logPerseo ante Emilio Pauloraron convencerle para que se presentase en las elecciones consulares. No olvidemos que pasaba ya de los 60 años y no le apetecía demasiado asumir de nuevo tales responsabilidades. Por fin embarcó hacia Macedonia, donde llegó en la primavera de 168 a.C. Muy pronto obtuvo la victoria definitiva sobre los macedonios en la batalla de Pidna, que supuso la rendición del rey Perseo y el final de la guerra. Paulo trató con cortesía y amabilidad a su regio prisionero y a sus hijos , y en ese espacio de tiempo trabaron cierta amistad. Pero el rey y sus dignatarios formaron parte del nuevo triunfo concedido a Paulo, por lo que fue llevado a Roma cargado de cadenas, y encerrado en las mazmorras, de donde logró salir gracias al propio Emilio Paulo. Vivió algunos años en Alba Fucens, convenientemente vigilado, hasta que falleció, parece ser que por huelga de hambre, en protesta por el trato poco cortés de sus guardianes, quienes parece que no le dejaban dormir.

Pero volvamos a Paulo. Una vez concluida la guerra, y antes de volver a Roma, el cónsul permaneció en Macedonia durante 167 a.C., ahora con el cargo de procónsul, y recorrió Grecia reparando injusticias y a la manera helenística, quiso dejar un buen recuerdo, para sí mismo, en uno de los santuarios helenos, ordenando la construcción en Delfos de un monumento conmemorativo de la victoria romana en Pidna. Volvió tras este viaje a Macedonia, residiendo poco tiempo en Anfípolis, preocupándose de temas acuciantes como las consecuencias de la abolición de la monarquía macedónica y la división administrativa del país cuna de Alejandro en cuatro distritos o merides, una suerte de Estados independientes a los que se prohibió explotar los bosques, y hasta 158 a.C. las minas de oro y plata. Después de la batalla de Pidna, las riquezas afluyeron a Roma de tal forma que el pueblo romano no tuvo que pagar impuestos, como dice Tito Livio en su libro 45. Pero estos estados independientes no duraron mucho, ya que en 148 a.C., tras el fracaso de una sublevación macedonia, Roma suprimió estos distritos, que pasaron a engrosar la provincia de Macedonia. Estos hechos están fuera de la vida de Paulo, quien falleció en 160 a.C.

Paulo regresó a Italia en 167 a.C., siendo portador, como he comentado arriba, de un botín enorme, que en contra de la opinión de buena parte de su ejército, depositó en las arcas del Tesoro de la República, ante la indignación de sus soldados, que hubiesen deseado participar más en el reparto.

Pero el infortunio se cebó con Paulo, pues aunque celebró el triunfo, en el que deseaba participasen sus hijos, su gloria palideció al desatarse un drama familiar. Sus dos hijos más jóvenes fallecieron, uno de ellos con 9 años, sólo cinco días antes del triunfo, y el otro, de 14, tres días después. El propio Paulo falleció tras larga enfermedad y no dejó la suficiente herencia como para pagar la dote de su segunda mujer, que era la madre de los hijos que fallecieron a tan temprana edad, lo que suponía la extinción legal de su familia.

Eso sí, el hijo menor de su primer matrimonio (probablemente llamado Marco Emilio Paulo) fue adoptado por Publio Cornelio Escipión, y fue llamado Publio Cornelio Escipión Emiliano, que superó en fama a su padre biológico, pues fue el conquistador de Cartago al final de la Tercera Guerra Púnica y quien dio fin a la pesadilla numantina en 133 a.C..

 


 
 
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