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Revista de Historia Antigua

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LUCIO CORNELIO BALBO, BANQUERO DE CESAR

Lucio Cornelio Balbo (llamado el Mayor), nació en Gades hacia el año 100 a.C. (puede que en el año 97 a.C.), y pertenecía a una poderosa y acaudalada familia gaditana de origen púnico enriquecida por el comercio. Los Cornelio Balbo gaditanos son un ejemplo de patronos en su tierra, y de clientes de Roma, pero clientes provinciales con un papel destacado en la alta política y las finanzas del centro del Estado romano. Los Balbo tienen pasta, son acaudalados y se posicionan del lado de Roma por sus intereses personales, apuestan siempre a caballo ganador (¿cómo harían para acertar siempre?), claramente. Y Roma recompensará esta fidelidad de la ciudad con la concesión de lo más precioso que tenía: la ciudadanía.

Durante la guerra sertoriana (80-71 a.C.), Gades y con ella Balbo, se puso al lado de la legalidad vigente silana representada por Metelo frente a la oposición popular de Quinto Sertorio, mano derecha de Cayo Mario. Cuando Pompeyo se hace cargo del ejército republicano en el año 76, Balbo se une a él, y poco después obtiene la ciudadanía romana extensible a toda su familia gracias a la Lex Gellia Cornelia, (72 a.C.), tomando Balbo el gentilicio romano de Cornelio, ingresando en el Ordo Equester, la clase que seguía a la senatorial en poder e influencia en el Estado romano.

Balbo se encontró con Cayo Julio Cesar en el año 69 a.C., en Gades, cuando César fue nombrado cuestor de la Bética. Ambos eran de la misma quinta y sin dudarlo un segundo, inmediatamente congeniaron. Balbo se convirtió en amigo y consejero del genial aristócrata romano. Fue lo mejor que le pasó a Balbo, pues a partir de ahí, fue encumbrándose en la sociedad romana, hasta incluso llegar a ser el primer cónsul no itálico en 40 a.C.

Años después, en el 61 a.C., vuelve César a Hispania como propretor de la Hispania Ulterior, montando una buena en la campaña de Lusitania. Para entonces, Gades era el puerto de aprovisonamiento de la flota romana en esta campaña y Balbo el praefectum fabrum, el intendente principal de logística del propretor, para entendernos, de César.

En el año 60, Balbo acompaña a César a Roma como hombre de confianza y banquero del futuro dictador, facilitando de alguna manera los acuerdos por los que Pompeyo, Craso y el propio César (el conocido como primer Triunvirato) se repartían las influencias en la ciudad y sus posesiones. En esta época Balbo conoció al gran orador y jurista Marco Tulio Cicerón.

En el 59 a. C. marcha junto a César a las Galias, como praefectus fabrum, siendo su enlace y de nuevo hombre de confianza con Roma, donde viajaba constantemente para mantener informado a su amigo y jefe de los tejemenejes que allí se cocían. Financió con su pingüe fortuna las campañas romanas y se permitió el lujo de crear un servicio secreto al servicio de Julio César. Con esta actividad, Balbo toma un papel fundamental en la política romana del momento, siendo el artífice del pacto entre Pompeyo y César en el año 56 a. C. (Pacto de Lucca). El problema era que no era romano, ni siquiera itálico, lo cual le genera problemas sin cuento con los enemigos de César, que le acusan de usurpar la ciudadanía romana. Incluso se le incoa proceso en el 55 a. C. Por fortuna para él, estuvo al quite el mejor abogado del momento: Cicerón le defendió con su habitual elocuencia en su famoso discurso "Pro Balbo", que ocasionó, como no podía ser menos, la libre absolución del inculpado. Sus acusadores, cegados por la ira, deseaban poner en cuestión toda la obra legislativa de los triunviros (ahí es nada!!), y muy especialmente la concesión de la ciudadanía a los provinciales. La defensa de Cicerón fue en este caso brillante y se basó sustancialmente en la imposibilidad de revocar el derecho de ciudadanía concedido a un miembro de una ciudad aliada por un magistrado romano en funciones y nombrado legítimamente.

Una vez que se deshizo de estos problemas, administró el botín obtenido de Helvecia y las Galias. Durante la guerra civil del 49 a.C., mantuvo una fingida neutralidad, ya que todo el mundo conocía su relación con César, pues benefició más o menos sibilinamente la causa de su patrón. Cicerón, enemigo de César, al final se decantó por Pompeyo, a quien conocía muy bien desde sus tiempos de cadete en las campañas de Pompeyo Estrabón el Carnicero, padre de Pompeyo. Tras la derrota pompeyana de Farsalia, Cicerón solicitó y obtuvo el perdón de César a través del amigo común de ambos, Balbo. Tras la derrota de los hijos de Pompeyo en Munda (45 a.C.), César concedió, gracias a los buenos oficios de Balbo, la ciudadanía romana a la fiel ciudad de Gades, lo que suponía en la época bastantes ventajas, sobre todo pecuniarias.

Tras el asesinato de César en marzo del 44 a.C., Balbo, que estaba en Roma quedó en una situación crítica, pues era reconocido por todos como uno de los mejores amigos del dictador finiquitado. Pero, hombre de muchos recursos, y no solamente financieros, adivinó quien sería el caballo ganador y apostó astutamente por Octavio. Cicerón, en cambio sospechaba que Balbo estaba a partir un piñón con su archienemigo Marco Antonio, quien al final le hizo asesinar. En cambio, Balbo acertó de pleno, puesto que Octavio recompensó su fidelidad otorgándole los más altos cargos y prebendas del Estado, aunque ya en aquellos momentos el poder político del cargo de cónsul sirviera de bien poco, pues todo el mundo sabía quien mandaba en Roma: el propio heredero de César, Octavio. Fue pretor, propretor, y después del pacto entre Octavio y Marco Antonio, Balbo obtuvo el consulado, siendo el primer no itálico en conseguirlo.

No se conoce la fecha de su muerte, pero sí se sabe que dejó a cada ciudadano romano 20 denarios por cabeza, lo que parece demostrar que o no tenía hijos, o si tuvo alguno lo desheredó por malo. Lo bueno es que parece que su sobrino Lucio Cornelio Balbo, llamado el Menor, fue todavía más importante para la opulencia gaditana en aquellos años que su tío. Pero ésa es otra historia.


 
 
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