| Inicio | Contacto | Viaje por España | Revista Historia | Biblioteconomía | Noticias carpetanas | Madrid críptico | Blog |
Revista de Historia Antigua

El final de Valeriano
Origen de los maronitas
Alejandro, hijo de Zeus
Gadir, ¿primera ciudad occidental?
¡¡Por Endovellico!!
Retógenes Caraunio
Tomiris y los masagetas
Nearcos, almirante macedonio
Los Macabeos
La Ultima Thule
Las Columnas de Hércules
El legado Tito Labieno
Aproximación al Elam
Los honderos baleáricos
Petra Oleum
Caída de Nínive
El Batallón Sagrado
El asedio de Masada
Muerte de dos Cónsules
Fundación de San Marino
Nórax en Cerdeña
Vajilla ática en Hispania
Aceite bético para Roma
El vino de Falerno
Los Soldurios
Los Eforos de Esparta
El colectivismo vacceo
Sertorio en Tingis
Atia y Servilia
Los sufetes púnicos
Los moros
Farenheit 451
Pero, ¿y Alesia?
Un comercio saleroso
Perfidia púnica
La confederación filistea
Decébalo el Dacio
Aspasia de Mileto
Mercenarios en Cartago
Los donatistas
La farmacopea más antigua del mundo
La conjura de Catilina
Los turboletas
Lucio Cornelio Balbo, banquero de César
Un etrusco en Roma
La diarquía espartana
La destrucción de Agrigento
Desastre ateniense en Siracusa
Un reino cristiano en Abisinia
La invención de la democracia
Cneo Pompeyo Estrabo Carnifex
Livio Druso, el amigo de los itálicos
La falcata ibérica
Emilio Paulo el Macedónico
Cicerón versus Publio Clodio
El origen de la escritura
El fin de Yugurta
El último emperador

 
 

DESASTRE ATENIENSE EN SIRACUSA

Este episodio hay que enmarcarle dentro de la guerra por la hegemonía en el mundo griego que sostuvieron Esparta y sus aliados, por un lado, y Atenas y los suyos. Esta lucha se conoció ya casi desde entonces como la Guerra del Peloponeso (por el historiador Tucídides) y duró entre los años 431 y 404 a.C.

Como no voy a describir todo el trayecto hasta llegar a la desastrosa campaña siciliana, estableceré una ligera introducción a los hechos. En Atenas dominaban la escena política hacia 417 a.C. dos rivales: Alcibíades (sobrino de Pericles, muerto unos años antes de peste) y Nicias. Ambos habían formado una especie de cártel y habían manipulado el proceso electoral, para prevenir el desembarco de otros políticos, como Hipérbolo, quien fracasado, fue condenado al ostracismo. la ciudadanía se había vuelto ante tales tejemanejes insegura y desconfiada. Desde su cargo de estratega, entre 417 y 415 a.C., Alcibíades marcaba la política exterior ateniense y ampliaba así de paso, su propio poder. Fruto de la actitud agresiva de Alcibíades, se transformó la isla de Melos, siempre neutral, en colonia ateniense, después de asesinar a todos los hombres y esclavizar al resto de la población.

Así que la mera voluntad de poder del estratega fue el motor de la expedición siciliana. Alcibíades consiguió convencer al grueso de la ciudadanía ateniense de la conveniencia de una campaña devastadora en Sicilia, a pesar de la decidida oposición de Nicias. Así en la primavera de 415 a.C., la campaña, que en principio iba dirigida contra Siracusa, se diseñó para ocupar la isla entera. Más de 250 buques, entre ellos, unas 130 trirremes, y más de 30000 soldados, partieron de Atenas al mando del propio Alcibíades, Nicias y Lamaco. Era la mayor flota de guerra que ninguna polis había puesto en pie de guerra jamás. Pero a pesar de las expectativas atenienses, también existía miedo y prevención, pues la expedición era de enorme envergadura.

El desembarco en Sicilia supuso un éxito inicial para las armas atenienses. Nicias sugirió hacer una demostración de fuerza y después volver a casa, mientras que Alcibíades dijo que debían fomentar revueltas contra Siracusa y después atacar a Siracusa y Selinunte. Lámaco propuso que debían atacar enseguida a Siracusa.

Pero poco antes de zarpar la flota, habían sido mutilados los bustos de piedra del dios Hermes, y se sospechó de Alcibiades, quien también debía de haber participado en los misterios de Eleusis, objeto de acusaciones de impiedad. Sus numerosos enemigos aprovecharon para practicar detenciones e interrogatorios que acabaron en acusaciones contra Alcibíades, que recibió en Catania la orden de regresar. El estratega huyó a Esparta, donde se convirtió en consejero en la lucha contra su ciudad natal, el muy traidor. Con ello, la empresa siciliana había perdido a su auténtico cerebro.

Ya sin Alcibíades, los atenienses, al mando de Nicias y Lámaco se enfrentaron en una primera batalla con los siracusanos, que fue más bien una escaramuza de tanteo. Atenas y Siracusa intentaron conseguir apoyo de las ciudades griegas de Italia. En Corinto, representantes de Siracusa se reunieron con Alcibíades, que ya trabajaba para los espartanos. Atenas pidió socorro a cartagineses y etruscos.

Esparta no quería inmiscuirse directamente, al menos de momento, en el conflicto para no debilitar su ejército abriendo más frentes. Los atenienses asediaron por fin Siracusa. Con la muerte en combate de Lámaco, quedó Nicias al mando de las tropas invasoras. Cuando Nicias rechazó el ataque siracusano, que pretendía abrir brecha en las fortificaciones levantadas por los atenienses, la situación de los siracusanos se tornó tan desesperada, que pensaron iniciar negociaciones con Nicias y depusieron a sus generales, sustituyéndolos por Heráclides, Eucles y Telias.

Siracusa recibió ayuda por fin ayuda espartana. Esparta envió, a instancia de Alcibíades, al general Gylippos, para que tomara el mando del ejército siracusano. Llegada la primavera de 413 a.C., lanzó su ofensiva contra los atenienses. Al inicio, los atenienses ganaron en el mar, pero en tierra perdieron su base naval y con ella el trigo y sus pertrechos navales. En julio llegaron 15000 hombres de refuerzos para los atenienses. Como Nicias estaba muy enfermo, tomó el mando el recién llegado Demóstenes. Como el campamento ateniense estaba cerca de un pantano, muchos hombres habían caído enfermos, y como los espartanos habían desembarcado en el Ática, el enfermo Nicias, Demóstenes y Eurimedonte (el otro general ateniense que acompañaba a los refuerzos) decidieron levantar el campamento y regresar a Atenas para defender al menos su tierra. Gylippos atacó con su flota y cercó a los atenienses en el Gran Puerto siracusano. En septiembre, los atenienses, desesperados, trataron de romper el cerco, pero murieron muchos de sus hombres incluido Eurimedonte en un combate caótico. Nicias y Demóstenes trataron de escapar a Catania con la mayoría de las tropas, pero el general espartano les cortó el paso y tras encarnizados combates, tuvieron que rendirse, siendo ejecutados Nicias y Demóstenes sin juicio previo.

El ejército ateniense fue completamente derrotado y aniquilado. Los más de 7000 sobrevivientes perdieron la vida en condiciones miserables y durísimas en las canteras de Siracusa. Todos murieron a causa del hambre o de enfermedades apenas 70 días después. La catástrofe siracusana arruinó definitivamente los planes de hegemonía en el mundo griego occidental, aunque todavía siguió batallando con Esparta durante una década más hasta la total destrucción del poder ateniense en 404 a.C.

 
 
© by Diego Salvador desde 2006
Revista de Historia Medieval Revista de Historia Moderna Revista de Historia Contemporanea Revista del Mundo Actual Revista de Arqueologia Revista de Historia Antigua Revista de Prehistoria